
de tantas personas que conozco, eres una de las que menos entiendo. tan pausado y al mismo tiempo tan apresurado, me llevas en un son y en el carril saltante de tu tren desbordante de locura. digo locura, porque en tu cabeza nunca hay orden. como un sudoku con letras, una película con sushi o una duda en un gurú.
a veces, te tengo miedo. miedo a separarnos, miedo a que no me entiendas, miedo a que me malinterpretes, miedo a que te enojes y grites, miedo a que sigas rompiendo lo que juntos intentamos construir. miedo a que me saques más lagrimas o más gritos. miedo a tu temperamento, miedo a como hablas y como respiras. miedo a como te destruyes y miedo a con quién lo pagas.
miedo a que vuelvas a llevarme a esa oscura esquina llamada pánico, que te encierra desde adentro y no te da una salida. que te ataca cuando menos lo espera y desaparece toda la felicidad anterior, asi como un soplido.
miedo a que un día, descubras mi enorme red. esa red que en vez de tener telarañas, tiene un filamento de mentiras. mentiras que me has obligado a decir, mentiras que me obligas a cumplir, nada más por el hecho de que sino; no podría volver a verte.
otras veces, te amo. te amo en esos mínimos detalles en que seguimos llenando tu vida. te amo en esos momentos que dejas de gruñirme y que me sacas carcajadas como un mago saca pañuelos. amo esa inteligencia, esa gran astucia que te caracteriza y que te hace ser grande cuando podrias ser liliputiense. amo como eres mi inspiración; a veces no de la manera en que más me gusta, pero de la manera que me hace reaccionar cuando necesito despertar, cual cachetada en novela. para ser compinches y para que me abrazes como oso de felpa; que me digas que soy la niña de tus ojos y me rayes la cara con tu barba filosa.
con ojeras, te tengo rabia. rabia de aquella que calienta el alma, ira que te sulfura por dentro y carcome los demás sentidos. te tengo rabia cada vez que te comportas como un niño pequeño, tirando piedras por la espalda y luego escondiendo una mano y con la otra apuntando a quién vaya pasando, inocente peaton. te tengo rabia porque he luchado, y tu en vez de luchar a mi lado, me has traicionado y apuñalado porque te negabas a aceptar tu debilidad. te odio cuando cambias mi manera de pensar, me engatuzas en algo que no estoy ni nombrada y después me dejas sentir un poco de esa maldad pasiva: esa que no es bruta, ni golpea; pero que tiene mi corazón y el de muchos, otros llenos de curitas desgastadas. llenos de unos huecos que intentamos tapar con mentiras para uno mismo, esas de segunda mano que todos podemos ver a la claridad de lupa.
me sacas de cualquier parte cuando eres demandante. demandas por derechos que supones que tienes, cuando en verdad; los has perdido todos. cuando llegas sin deberes, sin nada en manos para la fiesta, ni un real para campamento; pero aún así reclamas tu regalo en tu día.
cuando mientes desaforadamente, riendo y mirándome a los ojos, cuando sabes más bien que la palma de tu mano, que yo te he descubierto. que con la verdad en el puño, me trago las lagrimas en mi interior, porque no me tienes el respeto como para evitar "engañarme" tan obvio como el mismo Bush.
tambien me causas preocupación. me causa preocupación lo que tu llamas hogar, aquello que demuestra como estan tu cabeza y sentimientos; más revuelto que fichas de scrabble. como te alimentas, con una nevera vacía de verdadera comida y llena de un recuerdo malholiente de cuando hace 4 años, yo habitaba los pasillos. de las tristes cosas en buen estado, nunca faltara: los amargos del Rey, la cafeínica Coca Cola light y el solitario queso. me preocupa como tienes a mi hija. la única verdadera hija que tengo, ya que con los demás todavía hay problemas de papeleo, mi única hija que compartimos: peluda, sonriente y fiel; me preocupa si la tratas bien y me consuela el hecho de que la pobre es la única que te saca de la insistene pregunta que te martíria la cabeza. me preocupan tus vicios: las mujeres que posses pero no conservas, esas que corren como espíritus con la sabana hecha un patuque entre las piernas; el licor que no tienes ni gracia de esconder, ese que se acaba no más lo miras y aquel que te saca como globo un poco de aire de la cabeza de vez en cuando; y por último y el más impresionante es aquella mezcla de cobardía, depresión y cenizas que lentamente acaba con mi ser en cada aspirada. Es cierto lo que dicen, besar a alguien que acaba de fumar, es como si lamieras un cenicero. Asqueroso y enfermizo. Pero lo que más me preocupa de este último vicio, es que si lo prometiste abandonar con el nacimiento de la Aurora, y lo rompiste así cual crepúsculo; ¿a cuales promesas reales te has mantenido fiel?
me causas tristeza cuando te imagino sin mi. cuando te imagino al colgar el teléfono, solo en tu gran fortaleza sepia. cuando todavía me dan escalofrios de cuando una vez me confesaste que despertabas a medio de la noche, bañado en frío sudor, gritando nuestros nombres. cuando volteabas a un lado y no veías a tu más grande guia, cuando tenias que comer en un comedor vacío y no tener que pelear por un canal en la dimensional televisón. cuando las risas de niños se dejaron de oír en la casa, y cuando sabias que lo habias dejado ir.
me causas tristeza cuando paso horas preparandome para lo que me puedas decir o hacer, para lo que me puedas llegar a dañar, y al final nunca ni lo intentas. cuando hablo mal de ti, cuando de juzgo según el ser que eras o eres y resulta que estoy en páginas distintas de la lectura.
me das tristeza cuando la verdad es evidente, y sabes que hemos tenido que avanzar sin ti; y que en el fondo, mutuamente, hemos dejado de ser gotas de agua para ser hojas de árboles.
me causas nostalgia cada vez que llego a lo que sería la primera de mis 3 casas. cuando veo lo que es el fantasma de cuando viviamos, cuando veo la misma cama, los mismos platos, hasta las mismas y antiguas fotografias. cuando el polvo esta más que acomodado en tu lúgubre prisión, ocasionandole conjuntivitis a mis Barbies y creando una colcha nueva en mi antigua cama. cuando veo los afiches que arrancaste, las toallas sanitarias que no botaste y el grifo que no arreglaste.
cuando veo tu infantil deseo de que volvamos, y que todo hubiera sido como esa inocente mañana para nosotros 3, esa mañana que jurábamos era como las demás; pero termino siendo algo parecido y menos Shakespeare que un secuestro.
cuando seguimos la absurda rutina en un centro comercial cambiante, como siempre es una película, acompañada del mismo restaurante con el mismo mesonero afeminado y la típica caminada a ver las tiendas que nos hemos obligado a aprender.
como David y Goliat eres el gigante. el gigante que cayó al suelo, el gigante que para mí dejo de ser gigante para ser humano, con defectos incluidos. como si vivieramos en una pelea, que en cada encontronazo, cambiara de lugar. Si ayer eramos un ring de boxeo, hoy me traigo guantes de boxeo a una pelea de gladiadores.
nunca se como tratar contigo, si he de ser delicada y pasiva o debo siempre cargar con mi manto rojo en caso de que se asomen los cuernos.
quisiera me tomaras de mano y construyeramos un camino juntos, uno que se terminara en el atardecer, tuviera dorado tal cual Mago de Oz, y solamente transitaramos nosotros;
pero lamentandolo, esa historia, no es la nuestra. ni que seamos ingenuos.