domingo, 21 de febrero de 2010

so sick.


Siento que la muralla más alta del mundo nos separa. Quisiera entender quien está actuando mal, para saber quien debería ceder. No entiendo tu manera de actuar, ni tus motivos. Ayer se soltaron uno de los perores tipos de monstruos posibles, los monstruos rojos. Yo, por ser nadie más que yo, los recibí con armaduras y catapultas, cuando eran nada más necesarios una pistola y buena música.
Los monstruos rojos me dominan. Hacen que quiera soñar, gritar, romper y huir del caos interno. Me tapo la boca para amortiguar el sonido de mis lagrimas. Me agarre la cara, por temor a que mi mascara dorada se derrumbe y no me quede más opción de entrar en el papel del títere de los titiriteros carmesí.
Entran a mi cerebro, apoderándose de él. Hacen que mis sentimientos se desborden como un río de lava, que quema mi interior y que me producen deseos extraños. Si les soy sincera, quiero romper lo que construyo a diario en mi cuarto. Quiero patear y destruir mis posters, mi mesita de noche y mis cuidados libros y tirar abajo mis ordenadas repisas. Nunca antes había deseado gritar como lo hago ahora.
Veo como puedo comprender aquellos que descanalizan y se pierden. Debo estar agradecida por los medios que me mantienen en mis cabales. Hay personas que no los tienen, y eso los hace débiles y menos capaces de enfrentar la misma realidad, y el camino fácil suena indicado. Pero tanto agradecida, pero maldecida por mis estúpidos pensamientos de consciencia, ya que no me dejan irme de casa por aquella transitada vía. Huir, es una palabra deliciosa. Debe ser genial el poder escapar de tus problemas. ¡Ah!. Gritar hasta que la garganta no pueda más, hasta que el cuerpo pida un parado, un finale.
Pero no. Debo vivir mi día a día, escondiendo mi situación y sentimientos en Sky High, en mi casa. ¡ Como si los demás no fueran humanos! Pero oh, maldita ética. Es magnifico el poder ser libre. Pero ¿quién lo es?
No el que esta en el calabozo, o el que está en una celda. El pobre al que su mente lo tiene amarrado a una camisa de fuerza.

La rabia es uno de los sentimientos más terribles que alguien puede llegar a experimentar. En nuestro magnifica institución ahora hemos inaugurado un club de teatro, ¡uno realmente magnifico! Como una de las encargadas del guión le pedí al Caballero Ideal que lo escribiera conmigo en la biblioteca. Advertencia, a todos aquellos que pensaron que escribir un guión es fácil, pueden darse la media vuelta. A menos de que lo quieran hacer mal, como todo en la vida, es como pelar mandarinas (que resulta ser una cuestión bastante dificultosa si no se cuenta con uñas y termina regando un jugo ácido parecido al de la cebolla). Pero regresando al pequeño grano de maíz, no logramos terminarlo todo en un día, aunque nos pasamos un buen rato distraídos y me toco hacer la conclusión sola. Pensaba que me había quedado muy sosa, hasta ver la cara de mi compañero hoy al leerla. Parece que lo impacto lo oscuro que deje el final y que tal cruel interprete a Ira.
¡Pero es que como más! Ira es el sentimiento de odio, de dolor, de locura y de tristeza mezclados.

Todos tenemos una quinta y una historia para nosotros. La Princesa Godot me ha fastidiado mucho en este asunto. Que quiero salvar a todo el mundo, todos aquellos que no tienen mis oportunidades. Más bien hoy estoy llenando una planilla para internarme de voluntaria en una "Casa de Pequeños" donde habitan la mayoría de los niños huérfanos de la zona. Es que la rabia y el dolor son tan amargos que con muy pocas cosas se quitan. ¿Porque me siento inclinada a defender a todo aquello que se asemeje a mi historia?

porque el sabor más cruel es el odio, y las consecuencias de este, son unas de las cuales uno nunca puede escapar.

domingo, 14 de febrero de 2010

daddy.




la vida es un milagro. un milagro producto del amor físico y espiritual. pero como las cosas no duran mas de un minuto, y poco a poco podemos ver como las cosas que antes unían, ahora destruyen. el amor también sufre de esto, y cuando una familia se rompe, los productos de esto son los hijos. sin culpa y sin opción alguna mas que resignarnos nos obligar a poner a prueba nuestras relaciones con nuestros padres.
normalmente estas relaciones no sobreviven

lunes, 8 de febrero de 2010

me concederías esta pieza?


¡Atención! ¡Atención!
sonaban las campanadas del reino. Sonaban felices y alegres. Sonaban en todas las calles, en todas las casas, en todas las plazas. Nuestras hermosas campanas doradas que relucían con más brillo que nunca sobre la Catedral de Oanetoothrii. Los guardias las agitaban con vigor con la visión que tenían de las miradas afuera de las murallas del reino. Todos se asomaron para ver quien era el tan aclamado huésped que esperaba pacientemente con la Guardia Real. Y nadie lo creyó cuando las enormes puertas de roble se abrieron de par en par.

A las madres se les quemaron las comidas; los niños,boquiabiertos, salieron a la calle a ver desde menor distancia. Los obreros pararon todo lo que hacían, hasta los animales dejaron su rutina matutina para observar la caravana que se avecinaba hacia Sky High. No muchos sabían que se había ido, y no muchos notaron su regreso, pero aquellos que notaban cada día de su huida con profundo dolor, no sabían si llorar o gritar. Por fin era él.

Aquel que venia con una mirada cabizbaja, con una melena desgreñada, con el rabo entre las piernas y con la túnica vuelta harapos. ¡Era el Plebeyo!
Nuestro adorado Plebeyo, nuestro querido Plebeyo. Aquel que había sido engañado, aquel que había sido robado, aquel que había sido despojado de nuestro reino y nuestra Quinta en la batalla contra la Mendiga. Irreconocible, adolorido, y con una mirada perdida. Pero había regresado.

Un banquete hubo en su honor, y todos los nobles lo recibimos con los brazos abiertos. Los días siguientes en el instituto pasaron como si fueran otro semestre más y él iba a clases, estudiaba se bañaba y hacia todo lo que un caballero de su edad debía, pero al momento del reencuentro en clases notamos la verdadera mentira. Aunque no queríamos preguntar, notábamos las heridas, y no solo las físicas. Las de adentro, las del tambor y las de la azotea. El tambor, es aquel que esta dentro de nosotros tocando y latiendo un ritmo vanidoso y la azotea, aquella ubicada en la parte más alta del cuerpo, en donde se almacenan todos los recuerdos. ¡Todo era distinto! El brillo de su cara había desaparecido, así como su calor. Reía cruelmente de los defectos de los demás, irrespetaba y se la pasaba todo el día en un constante pensamiento perturbador. Intentábamos como barquito en tormenta la Princesa y yo, pero nada que lográbamos hacerlo hablar. Refugiado entre sus pergaminos y su piano de cola, tocaba una deprimente melodía haciéndolo recordar, aquellos días que había tenido que dejar a atrás, y a los oscuros hechizos que había sido a prueba. Había cambiado y nada de lo que hacíamos era suficiente. Todo el día era maldiciendo su putrefacto destino, su putrefacta vida y su putrefacta existencia.

Pero, el se había olvidado de algo que es inolvidable en los corazones de los habitantes de nuestro reino. Los verdaderos habitantes.

Cada año, en víspera de Navidad se elije a un grupo selecto de Mosqueteros para resguardar al pueblo, las familias nobles y al Reino entero. Eran los Mosqueteros Carmesí. Aquellos que, como descritos por Dumas, defendían a capa y espada a Francia. Que eran justos, rápidos y valientes. Aquellos hombres apuestos, misteriosos y aguerridos que hacían suspiras a las jovencitas. Mosqueteros que hacían un juramento ante su nación de dar su corazón por el filo de su espada y los ideales de su escudo. Y una vez que deslizas tu sangre por aquel pergamino y firmas con tu nombre, te encadenas espiritualmente a Llulviynmijart por siempre. Nada más decir su nombre hacia que se sintiera como miel, deslizándose por tu lengua.

En la planilla de re-inscripción no salia su nombre. No había ningún nombre que definiera como podíamos nombrarte, así que solo en ocasiones urgentes, urgíamos por llamarte como anteriormente te hiciste llamar y abandonaste tu cargo para ser el Plebeyo; cuando aquí en Sky High tenias título de caballero. Pero ahora el ser caminante, el recipiente vacío que caminaba con tu voz y tus ausentes ojos desapareció lentamente.
Poco a poco, vi el color en su cara. ¡Asustadas un día lo escuchamos reír! Las melodías desaparecieron, y una noche friolenta decidió abrir su armario para dejar entrar toda felicidad que estaba apretujando ahí dentro, y sacar a todos los monstruos que lo atormentaban por las noches, produciendole sus grises ojeras. Y de ahí, saco una canción. Una canción acerca de lo injusto que puede ser el amor. ¡ Volvía a hablar de amor sin restricciones! Podía volver a reír y el Mosquetero que una vez se alzo grande y triunfante volvió a surgir. Ahora, te nombraremos por obra y gracia de Yuswanavewiu. No hoy, porque Godot anda ocupada terriblemente con un largo ensayo acerca de escritores de la literatura del siglo XX. Pero pronto te nombraremos, aquel que volvió a nosotros. Aquel caminante que vuelve a ser cariñoso, que vuelve a bailar, que causa sensación y ¡que esta enamorado!