martes, 23 de noviembre de 2010

can you change my black roses to red?


¿que pasa, si por casualidad, me asfixiaría demasiado quedarme sin ti?

no puedes confiar demasiado en las rosas. Son tan bellas, son tan rojas, son tan románticas, son tan suaves, son tan olorosas, son rosas. Vives debajo de su ilusión, las usas en casi todo, ¿para que cosa no sirven la rosas? son como unas musas andantes.
pero no importa que tanto ames tu rosa, cuan tanto te obsesione su olor, cuanto idolatres la sutil suavidad de su peso por tu piel desnuda; el color de las rosas, el rojo, es el mismo color que la agria sangre.
no te afinques en tu rosa, no vaya a suceder que por estrujarla contra tu pecho, te haga daño con sus espinas y te desgarre lentamente el pecho. a nadie le gustaría ver ese escenario tan sádico: ojos desorbitados por el dolor, desgarraduras de la piel, gotas de sangre tiñendo los arrugados pétalos y una mano con los músculos hinchados de tanto esfuerzo.

con tristeza, veo que la rosa mágica que estaba rodeada con un vidrioso fanal esta lentamente desechando sus últimos pétalos. el cristal estaba complementamente rayado por unas garras. Unas garras de desesperación, como si la hubiera incitado a cerrarse un animal.
Infantilmente, tomo el fanal y lo poso lejos de ahí, como si quisiera alejarlo por un rato. La presumida flor se apresuró a mostrarme su potente carmín, pero estaba ya tan marchita y el tiempo la consumía a tal velocidad, que era casi doloroso ver su lento baile; pero si reposabas tu cabeza sobre la mesa, tenias paciencia y sabias apreciar la belleza lejana, podías todavía ver el reflejo de inocencia y juventud entre su tallo.

segui ahi, como embelesada ante la hermosa imagen que veía ante mis ojos. Sencillamente, veo como hermosos segundos pasan ante mis ojos, huyendo rápidamente de su amigo futuro para saltar en los brazos del pasado, pero no quiero moverme. Se que el tiempo está pasando, que la vida es una y que cada acción cuenta, también que cada palabra y cada emoción, y en que cualquier movimiento se me pueda quitar el derecho a la vida. Pero, se siente tan bien solamente poder estar ahí, observando mi rosa.

Después de lo que fueron minutos, tuve que volver a la realidad de mi ilusión, agarrar ese fanal que parecía más pesado la última vez y ver con ojos entrecerrados, como mi flor se despedía tímidamente, cerrando con una reverencia los últimos sensuales meneos de la cadera, en este caso tallo. La seguí observando por un largo rato, como intentando ocultar aquello que sabia que pasaría en el momento que me cansara de esperar. Y ese momento llegó, y mientras sentía en suave y frío resbaloso contenido de mi sudor al voltearme para irme, sentí esa mirada y esa necesidad para voltear cuando tu mente más te pide lo contrario. Continué, nunca mirando hacia atrás.

Lo que es un tumulto de escombros y rasguños, lo que ahora son pedazos y antes eran esculturas, lo que es pisar un arma que antes era un espejo, lo que recibe luz pero no se sabe nunca de donde, de donde ya da más dolor que cualquier otro sentimiento posible el entrar a esa habitación, me hace recordar que soy humano y me obliga a apaciguar los ronquidos agudos de mi interior y mi necesidad de aullar. Veo lo que débilmente es la figura de mi rosa, ¿es acaso eso tan desgastado y tan frágil mi rosa? Habita en mi la necesidad de recostarme de nuevo en su regazo, de escuchar los cuentos del pasado y ver su baile trillones de veces más, recordando una y otra vez los pasos por venir y nunca cansarme. Pero al elevarme para dar el próximo paso, mi túnica roza mi brazo, y en esos enésimos segundos del interior del inconsciente del individuo, siento la cicatriz que ocasionaron tus púas.

Con ganas de llorar y reprimir de mi memoria todo aquello relacionado con estas garras, este castillo, este cuarto y esa sonrisa, me alejo en una nostalgia punzante, una nostalgia que pareciera estar creando otra cicatriz aunque la nostalgia no posea armas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario