No me gusta escribir a lápiz. Puedo llegar a escribir mucho más y mucho mejor en mi laptop, pero ayer cometí la excepción.
No me gusta el arequipe ni los platanitos maduros, ya que soy amante del picante. Lo utilizo en cada y casi todas mis comidas, así como el orégano y el ajo. No le encontrado adicción, ni siquiera gusto, al alcohol ni al café. Mi fruta favorita es el mango, y sinceramente no puedo tolerar el olor de la lechosa. Hago mezclas extrañas: como limón en la pizza (receta heredada) y un buen tazón de yogurt con flips de chocolate, almendras y manzana verde: esa que es ácida pero deliciosa. No he comido carne roja desde hace como 3 años, pero no me obligo, ni restrinjo a cumplirla en caso de absoluta necesidad. Podría vivir de mariscos, chocolate y arepas.
Si tuviera que ser un pecado capital, sería la Ira, porque es de la que más sufro y la que a veces me consume. Si fuera un color, sería el rojo. El rojo que no es electrizante, ni aquel demasiado vivo, sino el rojo pulcro, elegante y sobrio. Mis animales favoritos son los lobos, los trovadores de la luna; pero si tuviera que ser uno de ellos, me iría más hacia las panteras azabaches y los dorados caballitos de mar. Si pudiera ser cualquier objeto sería un pincel, y si tuviera súper poderes junto con una identidad falsa me encantaría poder transformarme en cualquier animal a mi antojo, pero si hablábamos de algo ya determinado por caricaturistas y comics; sería Gatubela. Si, con todo y los horribles trajes negros de cuero.
Los lunáticos me dan pavor. A veces me imagino cómo sería mi vida si mis seres queridos, porque he sido bendecida, y nunca he tenido que llorar por ninguna muerte. Puedo con cualquier insecto, hasta me llegan a encantar las arañas, pero realmente me enloquecen las chicharras que se estrellan contra la pared de mi cuarto. Oh, podría tocar a cualquier animal, pero me rehúso a siquiera rozar un caracol. Me gustan los tiburones, las serpientes, los lugares altos, la sangre y la esotérica. Odio las ventanas con barrotes, y a veces me hago la dura para no hacer notar que no me gusta deambular por sitios cerrados de noche.
No me agrada la idea de repetir vestimenta, por más tonto que suene y solamente puedo pasarlo con vestidos de gala; aunque eso implique una graciosa contradicción. Nunca me han molestado los tacones, pero si por mi fuera, pudiera estar descalza en cualquier superficie. Me gusta que me sostengan la mirada y las miradas llenas de sensual picardía. Hacer cariños en el pelo, en las manos, o en la espalda, me da satisfacción. Tomo duchas cortas, pero puedo demorar horas en aplicarme crema hidratante, es mi vicio. Una vez que tengo un marcador en mano, puedo rayarme el cuerpo completo y cualquier cosa que tenga a mí alrededor. En realidad, disfruto mucho haciendo body painting y dibujando de vez en cuando. No importa que tan duro este lloviendo, que programa este pasando, o que cosa se esté incendiando; una vez que entro en un libro, ni siquiera una playa me puede sacar de mi hipnosis. Creo tener más de 50 libros y considero eso muy poca cosa. Es impresionante, pero no logran gustarme ni mis escritos, ni absolutamente ningún disco la primera vez los oigo o veo.
El animé, los musicales y los programas de detectives son parte de mí. Realmente detesto la ópera, las rancheras y un tecno completamente “instrumental.”Mi ipod es la mayor y más rara mezcla de música, desde canciones viejas hasta graciosas, canciones un poco metálicas y el pop más vendido; pero le tengo muchísimo afecto. Bebo y Cigala me lleva hasta la locura, a veces disfruto mucho un buen flamenco de la Mari, y no importa desde hace cuanto pero me sigue gustando mucho Simple Plan. Tengo cursos orales de francés, pero no he escuchado ni las primeras 3 lecciones; tengo canciones que se cortan a la mitad y portadas de discos que son más bien imágenes inventadas.
Jude Law, Ben Barnes, Chris Pine, Zachary Efron y Sterling Knight pueden sacarme sonrisas del rostro; pero mi única, verdadera y estúpida obsesión adolescente es Taylor Daniel Lautner. Desde que lo vi en un traje de goma espuma con el pelo lleno de gel y un complejo de tiburón, siempre me ha gustado su mirada. Ahora, hasta en sueños lo encuentro. Lo encuentro cercano y verdadero, como una niña salgo disparada a la pantalla cada vez que logro observarlo y me quedo pegada con cualquier imagen de píxeles; esas que te hacen reír, te hacen soñar y que llevan cada día más a buscar la falsa y encantadora perfección. Como un flautista de Hammeling moreno y de ojos aceituna, ando como una rata anestesiada por el efecto de la risa, de la ilusión. Lo único que le podría faltar para ser realmente irresistible, sería ser saxofonista. Los saxofonistas son aquellos que con el jazz, el saxofón, las luces bajas, la voz de blues y el traje electrizante; pueden dejarme sin respirar. No tiene sentido alguno, pero no tendría porque tenerlo.
¿Alguien ha dicho ilusión? Si bueno, soy infante. Soy infante porque no soy princesa, ni reina, ni marquesa, ni duquesa, ni mucho menos doncella. Como Kioshi la poderosa, como Mulán si somos específicas o como Lady Marion; no me gusta quedarme atrás mirando la acción. Nunca me buscaran ni rescataran de un dragón rabioso, castillo en llamas o madrastra amargada. En un cerro, en cerro Serrano descubrí que una bandera ondulando al viento encima de un abismo rocoso y la vista de los Llanos puede volverte realmente fuerte. Descubres tu fortaleza cuando te impones un reto y nunca entra en tu vocabulario decir no. Por eso soy infante.
Porque si seré de la realeza (contrato firmado entre la escritora y el papel) seré una infante. Una infante que no use vestidos, sino botas de montar. Una infante que sepa usar el arco y la flecha, la navaja y el puñal; que no vacilé en atacar y ser atacada, y que nunca permita que la consideren menos por ser hija de Eva.
A veces me incomodan los mensajes de texto, y escribir es mi pasión. Una costumbre ilógica es tender la cama, ya que se volverá a desarreglar al caer el ocaso; y las únicas cosas que me producen grima son los sonidos de huesos rotos y cuando alguien se truena las extremidades. Si una persona no tiene una buena y encantadora sonrisa, no tiene gracia y si un hombre tiene la voz ronca, es un hombre sexy. No leo muchas revistas y podría gastarme una paca completa de post its en un día. Me fascinan los niños, más bien quisiera uno propio; y mi mayor sueño es trabajar como payasa de la alegría en un hospital. Y escribir una novela. Oh y hacer paracaidismo, junto con ser guía de campamento. Si no eres número par, no me interesas. Todos los años soy el 24 y no me lo explico. No me gustan las caraotas con azúcar y me dan mala espina los zamuros.
Sin sentido, sin orden, sin un límite, sin parar, sin buscar, sin redactar, sin asustar, sin enamorar, sin cantar, sin llamar, sin vestir, sin desvestir, sin llorar, sin un control, sin controlar,
Ana Corina Channel.
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