miércoles, 3 de noviembre de 2010

black stories and glitter on the floor


"¿Qué te pasa?"
" Nada. Te cuento después."
"¿Qué? No te escucho, la música está demasiado fuerte."
" Vamos a la cocina."

Como algo normal, como un típica reunión, como unos disfrazes normales, como una muchedumbre agitada y unos chismes usuales. Una mirada triste, 4 pares de ojos observadores y alguien que escondía un secreto confiado. Se reunió este cuarteto en la esquina de otro lugar común, para añadir a dos silencios comunes, algo diferente.
El primer silencio venía de las personas que estaban fuera de la fiesta. No ajuro tenían que estar en otra casa o habitación, sino simplemente el sentimiento que te embarga al no conocer, y al tener que resignarse al vasito de coca cola y el sofá. Era el silencio de aquellos que escuchaban, pero se mantenían alejados, era el sonido y el silencio irrompible de la pared entre poder y no poder, estar o no estar, querer o deber.
El segundo silencio era aquel que estaba presente en todas las personas presentes. Aunque estaban presentes, cada individuo social es un universo único e inconfundible de una sociedad que inspira a lo diferente pero discrimina a lo anormal, en un silencio chico. digo que es chico, porque el silencio de querer encajar en algo que no es de tu tamaño, algo en que no crees o en algo que no es para ti. Y ese silencio estaba en todos, porque era una mezcla de gente elegida al azar para conocerse mutuamente por razones desconocidas e intercambiar algunas palabras acerca de alguna canción y lentamente pasar al olvido de los 900 amigos invisibles. Es el silencio hueco del rompecabezas social mal armado.
El tercer silencio, era un silencio duro. Un silencio que todos querían romper, pero no se atrevían. Era el silencio de saber algo, de que dolían por algo y el silencio de no saber que hacer. De los 3 silencios, este era uno que podía ser despedazado como un hilo con el más simple susurro y conllevaba mucha intensidad en cada inhalación. Era un silencio de lágrimas contenidas, de sorpresa y tristeza,era uno de aquellos silencios en que vas maquinando en tu mente que decir, pero que tienes que tener una idea con la intención no de romper el silencio, sino de mejorarlo.

En una mezcla de pecas difuminadas por el sudor, una corbata desamarrada, unos pies descalzos y trajes que estaban desgastados, entendimos algo. Después de hablar, poder mejorar el silencio, pero realmente sin poder decir ninguna solución en verdad, fue que entendimos que hay cosas fuera de nuestro alcance. Situaciones mucho más grandes que nosotros, sin importar las ganas o lo correcto que estés, hay veces en la vida en que te mandan a quedarte callado, observar y esperar. Si, el esperar es la parte más horrible y desesperante, porque en vez de hacer que las cosas pasen, tienes que darles su tiempo a que lo hagan ellas solas. Pero hay pequeñas cosas que se pueden lograr. En ese momento de impotencia y de superheroes de apoyo que no sabian que hacer con sus escasos poderes, entendí que podemos aprender. Que aunque no podamos hacer nada al respecto, podemos hablar y saber. Dicen que el ignorante es feliz, pero es relativo. A un niño pequeño no se debería ponerlo a ver Saw (ni a nadie, en mi opinión) ni machucar la cruda verdad toda en una sola cucharada. Esa realidad existe, esta presente y va a hacer presencia en algún momento, y realmente son pocas y estúpidas las veces en que se intenta tapar esa información. Así son las cosas.
Pero sabiendo, sabiendo desde la experiencia, se puede crecer. ¿Que seria de la vida sin imperfección? Seguiríamos siendo niños eternos, niños perdidos en la aldea de Peter Pan. Y aunque tal vez suene tentador lo anterior, vivir es la mayor aventura (cita de la película). ¿De que nos sirve intentar ver el mundo rosa, aprisionar una realidad gigante a una casa de muñecas? El aprender a romperse el pecho, el aprender a aguantar las lágrimas, el aprender a gritar hasta que tus pulmones no tienen sangre, el aprender a golpear y ser golpeado, el aprender el ardor en los ojos y la amargura de la envidia, al aprender somos humanos. Sino seriamos muñecas o Sims.

Pero déjame por esta noche, sera uno de los 6 hombros (viva la matemática) en los cual puedas apoyarte. Déjame ser uno de los que te abracen, déjame ser uno de los que manden a los demás a despejar el área, déjame ser uno de los que lloré y le duela contigo, déjame vivir y aprender. Déjame dar gracias que puedo ser de ayuda, déjame poder recaer, no completamente, pero tal vez en fragmentos, sobre ti cuando ya no pueda con mi peso. Déjame disfrutar de esta noche que es imperfecta, pero es real. Déjame sentir que tengo gente que abrazar cuando este sola en mi cuarto oyendo, en mi pequeño e imperfecto mundo, como lloran en el cuarto contiguo. Déjame agarrar tu mano cuando te pongas hielo en la mejilla ardiente donde te lastimaron o déjame ser tu oído cuando tengas un secreto muy negro.
Déjame respirar ese momento ahora, déjame usar tu dolor para transformarlo y crecer juntos. Déjame tomar tu historia negra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario