miércoles, 1 de diciembre de 2010

crónicas de una ducha


Hoy, cuando me bañaba, pensé en algo. Pensé, en como estaría mi cuerpo si cada vez que me tocaste, hubieras dejado una marca.
Tendría muy sutilmente un roce de color en mi pelo y mejillas, cuando en aquella ocasión me quede dormida en tu regazo a causa de tus caricias. pensé en que tendría muy colorados los labios en aquellos besos que dejaban con celos a los franceses, y un poco también la frente cuando me dabas esos besos de padre. Culpablemente, se que habría toda una pintura regada salvajemente en mi cuello, por todo mi cuello.
Mis hombros, y mi pecho tienen todavía la huella de la punta de los dedos, en esos días de auto-descubrimiento. Todavía tengo el tatuaje que escribiste en mi estómago, y un poco de acuarelas cerca de las entradas, esas que te volvían loco.
Mis piernas completas estarían pinceladas, desde los muslos hasta las plantas de los pies; donde te afanabas haciéndome cosquillas.
Hoy, mientras me bañaba, descubrí el color reciente de mis manos, esas que se llenaron de color cada vez que nos tomábamos de las manos; esos dedos que complementaban el espacio interminable de mis dedos.

El agua corrió, así como lo hacen mis pensamientos. Con un flujo continuo, con un movimiento rápido, sin detenerse ni un momento para la paz de mi mente. Debajo de mi lluvia, de mi ducha, se iban yendo los colores.
Con el alma desgarrada, veía tristemente como la pintura se desangraba de mis manos, cómo caían cómo lágrimas en el piso; el piso que se teñía dos segundos, y después se escurría irremediablemente.
Acordándome de todo lo que había pasado, todo lo que nos habíamos gritado y tirado, como las marcas ya no se veían como marcas; se veían como nostálgicas cicatrices. Empece a olvidar, si estaba llorando o simplemente era el agua que corría por mi cara; no sabia si era posible que a causa de estar metida hace tanto tiempo, se pudiera arrugar mi pecho tanto como mis pies y mis dedos. Me olvide del cómo habían llegado esas marcas ahí, de cuales habían sido sus razones y que había hecho para mantenerlas vivas y llenas de cariño, pero no se me olvidaba el peso de ninguna de ellas. Las sentía como ronchas gigantes en todo el cuerpo. Ojala no hubiera crecido ni madurado. Que gran estupidez. Una rodilla raspada es mucho fácil que curar un corazón sangrante.
Me desesperé. No podía ni tocar mi cuerpo sin sentir que eran tus manos, sin sentir ese nudo en la garganta que llevaba días sin dejarme decir ni palabra; sin sentir que te había regalado todo, que lo había dejado a tu merced y yo me había quedado sin nada. Agarré un jabón, un shampoo, cualquier cosa higiénica que se me pasara por delante y en un desesperado intento por sacarte de mi mente, empecé a borrarte.
Cuál lunática intentándose quitarse la sangre de las manos, esa que sigue oliendo y te persigue como si fuera una cosa de brujas, así mismo empecé a desgarrarme tus marcas. Como una picazón, como una enfermedad contagiosa, como un dibujo que quisiera esconder; empecé a borrarme todas las marcas. Con unas incluidas e intensidad también en el paquete, me desgarré tu olor de mi pelo, buscaba sacarte de mis brazos, restregar mi cuello hasta que salieran tus murmullos, afincarme con mi pecho, aquel que te protegía, arrullaba y divertía, y cuando llegue a mis piernas; me detuve a observarme. Mientras tus diferentes matices salían de mi cuerpo, este mismo se tornaba transparente; cual seda. Como si de repente, tu fueras lo que conformaba.Lo que me daba fuerza, risa, gracia, delicadeza, cariño y ganas de vivir.
Aterrorizada ante mi propio reflejo, me caí de bruces. Cerré las llaves, pero mi propia cascada seguía imparable su curso. Me sentía tan extraña y tan ajena a mi misma, sin tu olor mezclando el mio y como si me hubiera despojado de cualquier recuerdo tuyo.

Después de horas sentada como fantasma, decidí levantarme, transformada en zombie.
Sería conveniente decirte que después de una semana me olvide de ti, que no me acordaba ni de tu rostro y que ya tenia fragancia propia. Pero sabemos que lo mio no es mentir, y que nada de eso es verdad. Si, estuve más de un mes en ese estado hasta que mi madre me sacó de este con muchas horas de consolación y uno que otro cachetón.

No me veo bien al salir a la calle. Sigo teniendo ese aspecto de papel transparente, arrugada y llena de huevos. Pero de vez en cuando crezco, y encuentro como llenar esas manchas huecas que dejaste en tu ausencia. He encontrado una fragancia nueva. Es de gardenias y de lavanda, dan un cierto aire de esperanza junto con algo bonito, poético. Pero definitivamente no he logrado sacar el olor a Axe de mi pelo. Sigue apestando a tu sudor, a las interminables noches de vino y queso, y de vez en cuando me huele a intimidad. Así cómo ese nuevo perfume Boss de hombre, ese que me empeñaste a que probara dos mil veces cuando, literalmente, te bañaste en él y no tuviste más remedio que comprarlo.
Pero gracias a ese baño, a esa agua bendita y largas horas de ojos hinchados; puedo orgullosamente decir que puedo pensar en ti sin estremecerme de pies a cabeza. Como si estuviera curada.

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