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“Has escrito tantas cosas… ¿Hay alguno que te
guste en particular?
-
“Uhmm… Supongo que este. Es corto, pero estaba
bastante inspirada. ¿Quieres leerlo?”
-
“Si, pero
no traje los lentes. Léelo en voz alta, porfa.”
(Empieza a leer la historia. Empieza a ponerle atención a lo que está escuchando. Las dos personas se percatan de algo, de una similitud. Una se tapa la boca de asombro, mientras la otra lee cada vez con más ahínco.)
-
“ "Camila, ¿Cuándo empezaste a escribir esto?
“ "Camila, ¿Cuándo empezaste a escribir esto?
-
“Wow… Creo que hace 1 año atrás, mientras me
bañaba.
-
“Pero, ¿Cómo….?”
- “No tengo ni la más mínima idea, solamente me
estaba bañando y como tenía la cara llena de pintura, se me ocurrió. No lo
puedo creer.”
-
“Es exactamente igual.”
(Siguen leyendo. Una de ellas se pone a llorar. La otra la intenta calmar y le pregunta que si quiere que deje de leer, y ella se lo niega con todas sus fuerzas. Terminan lo último, comentan al respecto. Sin darse cuenta, estaban conectadas de la manera más simple que pudiera existir.)
Tal vez no valga escribir sobre esto, pero para mí fue un momento muy diferente a los demás. Mientras que le iba leyendo a mi mejor amiga una historia inventada que había creado un año atrás, me daba cuenta que a medida que iba contando este cuento distraídamente, estaba contando su historia. La historia que ella no había vivido, sino que habría de vivir muchos meses después. La sincronización del momento fue exacto, ya que fue exactamente lo que ella estaba sintiendo en ese momento y lo que logré escribir, la llevo a entender que cosas que ella estaba sintiendo pero no podía reconocer. Tal vez no valga la pena, pero a veces la vida te brinda momentos perfectos, momentos que parecieran haber estado planificados por alguien.
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