martes, 4 de diciembre de 2012

lo duro de la verdad.

Me dueles papá.

Me dueles porque nunca has podido ver a través de mí aunque tanto digas que me conoces. Al pie de la letra, como dices tú, pero si así es, ¿Entonces me haces daño como me lo haces a propósito? ¿Eres capaz de destrozarme sabiendo las consecuencias que caen en mí? Prefiero si es así mentirme, y creer en tu ignorancia mientras que yo lentamente también me deslizo en una.

Eres injusto conmigo papá, porque me pides constantemente cosas que no puedo darte y me culpas por cosas de las cuales no soy, una y otra vez. Me comparas papá, nunca ves mis logros, esos que infantilmente aún pienso que son por ti. Yo crezco mucho papá y tú siempre buscas la manera de recordarme en todas las cosas en las cuales fallé en la vida. ¿Te confieso algo que habita muy por dentro de mi? Tal vez no hubiese fallado en esas cosas si tú no le hubieses puesto tanto peso, si no lo hubieses convertido en un trauma para mí.

¿Puedo seguir desahogándome aunque tú jamás lo leas, papá? ¡Yo no soy insignificante! ¡Yo nunca dejé de apoyarte! eso me frustra papá, me da odio y arrechera que me digas que te dejé. ¡Nunca lo hice! ¡No puedo, no está en mí y créeme que he intentado hacerlo! Siempre inútilmente preocupada por ti, buscando remedios a las cosas que a ti ni te importan, queriendo recuperar eso que tú ya dejaste que se pudriera, intentando arreglar los pedazos que tú rompiste, ay papá, ¿es que acaso puedes ser tan ciego? ¿Cuándo te volviste tan ciego, papá? ¿Quién te quitó la visión? ¿Fuiste tú solo, como Edipo? ¿Por qué lo hiciste papá, si siempre lo has tenido todo? ¡Nadie nunca tuvo una esposa tan amable y benevolente! ¡Mi mamá lo único que hizo en su vida fue quererte, creer en ti, apoyarte y ser tu soporte! ¿Pero hasta cuando planeabas apoyarte en ella como tu bastón, usando a quien más te quería? ¡Actuaste horrible papá, mírate!

Siempre me dices que es mi culpa porque yo no te llamo, porque yo no te salvo, porque yo no te auxilio, porque yo no te cuido, papá, es imposible cuidar a aquello que no quiere que lo cuiden. Si hay algo que deseo quitar de mí misma que es absolutamente tuyo es esa comodidad asquerosa que tenemos, ambos. Pegándote de los demás, exigiéndoles que te entiendan y que perdonen todo aquello que vas rompiendo, como yo. Tu rompes y destrozas, no tienes sentido por lo que es cuidar y proteger aquello que es tuyo papá y eso lo sé porque yo también soy así. No como tú, porque yo soy consciente y quiero cambiarlo, aunque me cueste y sea cosa de hábitos, pero para ti siempre la culpa es de otros. Ay papá, no hagas que yo odie las cosas que tengo en mí porque me reflejen a ti. Tienes tantas cosas hermosas papá, eres un ser tan maravilloso. ¿Qué te pasó papá? ¿Por qué cambiaste de ser mi héroe a mi enemigo? ¿Fui yo? ¿No me soportas porque me parezco tanto a ti?

Papá, si te soy sincera, yo no siento que tu me quieras más. Eso me da terror. Yo sé en lo más profundo de mi ser que tú me quisiste y que yo fui la niña de tus ojos por mucho tiempo, pero ahora no lo sé papá. Me pusiste en el rol del cual mi mamá renunció y como yo no puedo, ni nadie puede, cumplir con tus exigencias, ¿Entonces me desechaste? ¿Porque no adelgacé, fui buena en matemática ni me volví abogado? ¿Es por eso que me odias papá? Y lo peor es que yo te quiero tanto papá, de verdad. He tenido conflictos conmigo misma tantas veces, entre odiarte y amarte, entre olvidarte y perdonarte, si tan solo supieras lo mucho que te pienso papá. Si tan solo supieras la voluntad y el pichón que le echado a nuestra relación para que salga adelante, para que TÚ salgas adelante, ay papá si tan solo supieras lo bien que pienso de ti. Mis palabras son agrias porque te las mereces, lo siento. Mis miradas son duras porque te las mereces papá, no puedes ser así y pretender que yo te las pase porque eso no significaría que te quiero. Me duele mucho cuando haces énfasis en lo mucho que quieres y consientes a Aurelia, porque ella es la chiquita y tú a ella jamás le levantarías la voz ni le pedirías nada, claro, porque ella es la chiquita. No hagas que yo la odie papá, esa niña es lo más hermoso que tengo y es mi orgullo, porque mientras mami y tú se gritaban yo nunca he dejado a Aurelia sola. Mientras que nos obligaban a pasar de casa en casa, mientras nos llevaban de Ministerio a Ministerio esa niña jamás estuvo sola. Esa morena de la cual tú siempre te enorgulleces, aquél orgullo tuyo, bueno, esa mujer ha estado protegida porque yo así he querido. Puede que jamás nos volvamos a hablar papá, puede que me tranques el teléfono y que decidas que conmigo no quieras hablar; pero cada vez que recibas a mi hermana y la veas, te juro que ahí hay un pedazo de mí.

Estoy orgullosa de quien soy papá y te invito a que, algún día, tú también lo estés. Te invito a que veas mi recorrido, mis caidas y como me levanto, porque eso me lo enseñó mi mamá. Te invito a que vislumbres mis decisiones y mis pasos, juro por Dios que si algún día sales de ese delirio loco en el que te encuentras hace tantos años, papá estarías orgulloso de mí.

Veme. Estoy aquí. No soy una niña. No me curará el bálsamo del cielo. No entro en tus brazos y soy muy grande para tu regazo. Sé decir groserías y nunca me enseñaste a estar con muchachos, por eso es que probablemente lo haga tan mal. ¿Me quieres enseñar a montar bicicleta? Sin darnos cuenta, la canción que más nos gusta de Juan Luis Guerra es Cartas de Amor.

¿Sabes qué papá? Aprendí a hacer llorar a la gente con lo que escribo, como tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario