me he preguntado lo siguiente demasiadas veces:
¿Será que acaso yo no estoy hecha para amar, o ser amada?
¡No tiene sentido que sigas viéndome con lástima y compasión! Te pido que si lo harás, yo, detrás del monitor, lo veré y lo sentiré. Si lo haces favor retirarte, ya he tenido suficiente. La gente cree que uno puede escuchar la frase "Eso ya viene para ti", "Solo tienes que esperar", "El amor de tu vida está en la vuelta de la esquina", "Llegará cuando menos te lo esperes" por siempre y no ir desquiciándose por eso.
¡POR SUPUESTO, GRACIAS, DIGO, NO ES QUE YA HE ESCUCHADO ESO MIL VECES EN MI CORTA E INSÍPIDA VIDA! (Lo siento vida, tú no has sido ni remotamente cercana a insípida, pero en el ámbito amoroso sé tanto como un niño de primaria).
No es que hayan 30 parejas por minuto saliendo de cada esquina, naciendo y evolucionando, decayendo y muriendo mientras que yo sigo aquí, de espectadora. No es para nada que el mundo lo único de lo que parece hablar es de esto o del sexo, cosas que ni se han acercado a mí, me repelen como si les hubiese hecho algo malo. No es que el hecho de que tenga 18 años de vida, esté en el tercer trimestre de mi universidad y no tenga nada parecido a una experiencia, me asalte y la gente tienda a restregarlo. No es PARA NADA el hecho de que me rodee de amigas llenas de relaciones, de gente que las mira y de experiencias y dudas que siempre les de por compartir conmigo. Ese no es para nada el caso.
Es tan frustrante el hecho de que todo el mundo pueda hablar de algo que tú desconoces por completo. Que lo máximo que has podido experimentar sea lo más básico de un adolescente de 12 años, que las personas deseen más a tu hermana de 14 años y que ella esté en mejor forma que tú (solo porque es más alta y su metabolismo haya sido menos jodido que el mío) o que estés tan jodidamente deseando un poco de lo que todos tienen que estás a punto de destruir tu autoestima y resignarte a cualquiera que se acerque.
Todo el mundo lo siente, todos perciben cuanto lo deseas, lo deseas más que cualquiera y por sobre todas las cosas tienes tanto miedo que no pretendes atreverte y equivocarte después de haber esperado tanto, así que esperas más. Esperas tanto que te llenas de rencor y telarañas, que las parejas te producen una alegría molesta y ya no entiendes nada de ti. El esperar hace que te llenes de preguntas, de dilemas innecesarios pero que igual pesan en la mente y te pones a desvariar de tu sexualidad, de tu lugar en el mundo, de tu función, de tu psicología y relación con tus padres y a preguntarte que harás el momento que te obstines.
He alejado a tanta gente porque no entraban en mi ideal de perfecto y ahora los extraño, a todos los que rechacé y a todos los que no les di la oportunidad. Ahora, en silencio, les tengo celos con quienes evolucionaron y me olvidaron, porque aquí la niña malcriada no supo ser lo suficientemente madura. Madura para hablar, madura para liderar, un desastrico de 6 años a la hora de lidiar con ella misma.
Soy un fiasco amoroso, creo que Cupido se hartó de hacerme señales mientras que yo veía Disney.
Por ahora haré lo más sensato y me dedicaré a demostrar lo mucho que creo que el amor no es para mí y que yo jamás lo tendré, porque es mucho más sencillo que ir proponiéndome que Dios está preparando a la persona correcta para mí mientras más lo espere. No es justo. Duele mucho más el ser decepcionada siempre. Lo siento por eso.
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