jueves, 4 de abril de 2013

cuidado con el colesterol.

Y ahora: ¡el festín!
Empecemos con una pequeña degustación, una llanura de cosas por tragar. 
No, por comer no,
                                Por tragar

Un sandwich por aquella mirada que se dieron esos dos el otro día. Una mano de nueces por la agarrada de manos que vi desde lejos. Una bolsa de papitas por el besito que se dieron mientras que hablabamos. Un plato de pasta por la vez que la montaste en tus piernas para tenerla junto a ti. Una merengada por cada sobrenombre cursi. Una pastica bien resuelta si los escuchas decirse cuanto se extrañan. Un brownie con helado si se abrazan lentamente creyendo que nadie los ve. Unas panquecas cuando te dicen "pana". Una ración de papas fritas por cada vez que se miran con el deseo latente de tenerse. Un vaso de refresco por las veces que te miran con desencanto. Una hamburguesa por todas las canciones de amor, especialmente las dedicadas. Un tarro de galletas por todas las experiencias nunca vividas.
Un waffle por cada persona que te remarca lo sola que estás. Un perro caliente que te atragantas cuando sale un grupo y eres la única persona que no está acompañada. Una tarta por el dolor matutino del despertar de un sueño en donde tu sueño se cumplía. Una ración de nuggets por las miradas que le echan a todos los demás, excepto a ti. Un slice de pizza por los regalos que ayudas a diseñar, y que nunca das ni recibes tú. Un plato de lo que sea por cada vez que me decepcionan. Una bolsa de comida delivery cada vez que tengo un roce con mi pasado. Un postre por minuto con tal de que el sonido de mi masticar me distraiga de mis pensamientos. 

¿Me duele el corazón por las arterias bloqueadas o por cada pareja nueva que surge? ¿Estoy comiendo porque tengo hambre o porque tengo que tragar de alguna manera esas risas ahogadas en un carro? ¿Me duele correr por mi peso o por el tiempo que llevo inconscientemente huyendo? ¿Tengo acaso el control de mi vida, de mis sentimientos, de mi comer? ¿Podré amarme a mí misma con el miedo constante de que nadie más lo haga? 

¿Soy lo que como? Entonces soy un desastre. Lléname más de grasa e inseguridades, estoy acostumbrada a ser el del mostrador que nadie elije. Así exactamente es como me siento. 

Llévame a comer algo y no me preguntes qué. Simplemente sirve. No te diré que no.