No hay nada más difícil que abrir una puerta cuando esta está cerrada con seguro y temor. Todas las puertas que están selladas así, fueron selladas por alguna razón. Nadie se cierra al mundo por mera curiosidad, ya que quiero creer que todos somos "buenos" por naturaleza.
Nosotros cerramos nuestras puertas a quien no queremos dejar entrar, o a cosas que no queremos dejar salir.
Yo, por ejemplo, le cerré la puerta a mi papá. Le cerré la puerta a su violencia, a su manera hueca de querer, a sus imposibles demandas con respecto a mí y lo que yo debía de ser según su opinión y me cerré a la soledad que él desea imponer a todos los que se le acercan.
Yo, también, encerré a todas mis inseguridades. Las empaqué a todas en diferentes cajas según categoría y las comprimí para que no pudiesen dar ni un solo movimiento. Me construí una puerta de hierro y no dejé que saliesen esos monstruos míos que nadie más conoce.
...Pero es imposible, ¿saben? Aquellas cosas que más guardas, que más alejas, que más rechazas, que más temen, siempre terminan por tocar a tu puerta. Te obligan a enfrentarte contigo mismo y aunque siempre tenemos las de ganar, nuestro Ego nos obliga a ni siquiera dar la batalla. Suena extraño el no presentarse en el único conflicto que tienes ganado de una, pero no estamos dispuestos a enfrentarnos a nuestro Ego y menos sufrir las consecuencias de esto, así cosechen buenos frutos al final.
Por mucho tiempo creí que mientras más dura me volviese, menos iban a importarme las cajas encerradas en el sótano de mis temores. Así creemos todos. Creí que, siendo muy cliché, que mientras más vulnerable es uno, más tiene que perder. No podemos tener los conceptos más al revés porque la humanidad no puede caer más bajo. ¡Lo siento, es verdad!
Cuanto más me esforcé por evitar entrar en contacto conmigo misma, más me lo pondrán. Ahora no lo hacen mediante un personaje como Alicia, para que tenga que interpretar en las tablas una historia que, aunque disfrazada, es la mía. Ahora la batalla se presenta en la intimidad.
Uno juraría que la adolescencia, tan repleta de hormonas como esta se presenta, carecería de preocupaciones, problemas o laberintos mentales. En cambio, la adolescencia es el trayecto en donde tus emociones y pensamientos se ven amplificadas y mezcladas en un hermoso torbellino que se llama: identidad. Como mi mente es elocuente y parlanchina, debo decirles que no ha sido fácil.
He encontrado a una persona en donde encallar. En donde abrirme, en donde desnudarme, en donde expandirme, en donde reposar, en donde caer; y me cuesta. Cada vez que abro las persianas siento que pesadillas sin nombre salen por todos los huecos inimaginables y la vergüenza me pobla la cara. Y uno juraría que puede evitarse. ¿Cómo podría cerrarme frente a unos ojos tan dulces, una mirada tan atenta, unos oídos tan dispuestos a escuchar?
Juro que nunca había visto mis errores tan grandes y claros como ahorita, sin embargo tengo el suelo firme como para no querer ahogarme y huir. Por cada pedazo de mi cuerpo que niego, hay un beso tuyo plantado en mi piel. Por cada defecto y crítica, hay una sonrisa y un cumplido.
Tú ves los vasos llenos de mis vasos vacíos,
Los cielos azules en mis mares tormentosos,
La belleza ingenua en mis imperfecciones físicas,
El humor inteligente en mis mayores metidas de pata.
He encontrado a alguien dispuesto a ver el Ying en mi Yang, porque en todo lo malo siempre hay algo bueno ( y viceversa). Cuando estoy contigo, siento que soy tan obsoleta y vacía, pero si alguien tan increíble como tú está a mi lado, supongo que algo bueno tiene que haber y que debo poner empeño en observarlo. Debo admitir que todo da más miedo cuando unes tus miedos iniciales a los miedos nuevos que empiezan por: "No quiero que esto termine", "No quiero que se aburra de mí", "No quiero que me deje", "No quiero que me odie". Aunque, todos dicen que en los mayores deseos y ambiciones siempre hay miedo, porque si no, no fuesen tan importantes. Y así es.
Déjame crecer a tu lado y empezar en esta complicada ruta que lleva al amor. Al que siento por ti y al que debo sentir por mí. A un amor juntos, en pareja, en complicidad y en equilibrio. Si me das esa oportunidad de crecer junto a ti, te juro que te amaré más de lo que nadie te ha amado (aunque creo que ya lo hago).
¿Aguántame un poco más sí?
Por ti, vuelvo a escribir. Y eso es fantástico.
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