Tal vez soy solo yo la que, no más llega a un lugar, se siente con la necesidad de competir. de competir con todos los demás. Tal vez alguien más entienda lo rudo que es sentir que las personas a tu alrededor jamás pueden ser amigas, sino rivales. O eso espero, dentro de mí.
Tal vez alguien más comparte mi sentimiento, o más bien la necesidad de ser el mejor en algo. No mejor en cuanto a los demás, pero que cuando vea mi reflejo, pueda sentirme como una ganadora.
Nunca me he sentido así. Ni cuando soy elegida protagonista, ni cuando tengo el cargo más alto, o cuando lo hago mejor que los demás (porque a veces lo logro). Ni siquiera en esos momentos me siento llena. La mayoría del tiempo me siento como un lobo. Un lobo en una esquina, un lobo que aúlla solo, que aúlla porque es hueco por dentro, porque necesita más, porque eso no lo llena, ni lo ha llenado nunca.
Quisiera solo poder divertirme. Ir a un lugar sin sentirme que tengo que ser la más nada, sin sentir que tengo nada que probar, sin sentir que necesito ser más yo. Quisiera poder estar en un lugar tranquila, relajada, queriendo solo divertirme.
siempre me he escondido detrás del ser correcta, porque nunca me he sentido que puedo ser popular; y no en el sentido highschool de popular, sino genuinamente, alguien que pueda lograr que las demás personas sientan un atractivo por estar a su lado.
No tengo problemas con hacerme panas. Siempre logro decir las palabras correctas, escuchar de una manera que no mucha gente sabe escuchar y ya. Nunca he conocido a alguien impenetrable en ese sentido. Nunca ha existido nadie a quien yo quiera conseguir que me resulte inalcanzable, ¿qué calculador, cierto? Entonces voy cambiando, no quien soy, pero cómo soy con esas personas. Si suena mal, no pretendo justificarme. Soy humana y a veces, un asco. Pero lo que quiero decir es que sinceramente nunca se me ha hecho difícil hablar con las personas, y quiero a las personas, desarrollo un fuerte lazo emotivo por alguna que otra razón. Encuentro ese lazo y lo aprovecho, pero después me aburro. Sinceramente. Dejo que la gente se vaya, que cambie, que desaparezcan, sintiéndolos a todos como mis muñecas. El problema siempre está cuando las quiero recuperar. Cuando quiero abrir el cajón y saber que siguen ahí. ¿muy histérico? Pues sí. Solo hay un manojo de personas que he conservado con el pasar del tiempo, que no dejo que se me escapen, que deseo constantemente tener junto a mí.
Con ese manojo de personas me ha costado mucho encontrarme este año. Ahorita, en este momento de mi vida estoy intentando hacer un esfuerzo por recuperarlas. No sé sinceramente si lo logre. No sé si consiga a mi manojo de personas como las dejé, o si yo cambié y me volví alguien sinceramente insoportable como para aguantar. Es siempre una posibilidad.
¿Estaré hablando de todo y al mismo tiempo de nada? Me cuesta estar conmigo misma. Había encontrado el equilibrio y ahora siento que tengo poco de él, que se encuentra escaso en mí. Quiero involucrarme en algo, aunque sea una vez y sentirme que puedo pertenecer, y ya está. Que no tenga que compararme con nadie más, o juzgar a nadie más. Quisiera poder vivir permaneciendo en mí sin tener que comprarme con ningún otro ser humano jamás. Solo comprarme conmigo misma por mi propio crecimiento. Poder ver a las personas con una frialdad objetiva que tanta falta me hace.
Quisiera por una vez poder ser diferente a la persona que me obligo a ser. Quisiera poder despertarme un día y salir de la piel de serpiente, del traje y las máscaras, de la necesidad de aprobación y la obsesiva búsqueda por genuina identidad. Quisiera poder ser yo misma, quien sea que sea esa persona. Quisiera poder vivir una vida humilde libre de pensamientos hirientes, una vida en donde solo pueda concentrarme en un trabajo personal de hormiga. Intentar ser mejor por mí, para con mis seres queridos y ya. Quisiera poder vivir una vida tranquila sin el peso del juicio.
Pero todos sabemos que ese camino no viene en un abrir y cerrar de ojos. El camino que me planteo es un camino que labrar con martillo de escultor, erosionando la mente hasta que quede pulcra, sana, libre de tanta peste inútil. Quiero que mi mente sea como un mármol blanco liso. Solo eso. Como el bramar de las olas, que hipnotizan en su silencio, en su arrullo, en su magnánima simplicidad.
Quiero poder encontrar a los girasoles en mí, y constantemente nutrirlos de sol, de amor propio, de humildad y de perseverancia para seguir trabajando. Quiero labrar un pequeño jardín en mi interior que sea mío y que no compita con los vecinos. Quiero encontrarme y cuando me encuentre, encontrando lo que sea y de la forma que sea, poder aceptarlo y darle un abrazo eterno, caer en un sueño conciliador conmigo misma y perdonarme, por tantos años de maltratos y auto flagelaciones.