sábado, 6 de septiembre de 2014

me disculpo conmigo misma

Quisiera saber si los monstruos de los demás se parecen si quiera a los míos. Si solo yo siento miedo, o tal vez alguien más siente un escalofrío cuando oye a un grupo de personas reír cerca. Tal vez otra persona además de mí siente que esas personas podrían estar burlándose. 

Tal vez soy solo yo la que, no más llega a un lugar, se siente con la necesidad de competir. de competir con todos los demás. Tal vez alguien más entienda lo rudo que es sentir que las personas a tu alrededor jamás pueden ser amigas, sino rivales. O eso espero, dentro de mí.

Tal vez alguien más comparte mi sentimiento, o más bien la necesidad de ser el mejor en algo. No mejor en cuanto a los demás, pero que cuando vea mi reflejo, pueda sentirme como una ganadora. 

Nunca me he sentido así. Ni cuando soy elegida protagonista, ni cuando tengo el cargo más alto, o cuando lo hago mejor que los demás (porque a veces lo logro). Ni siquiera en esos momentos me siento llena. La mayoría del tiempo me siento como un lobo. Un lobo en una esquina, un lobo que aúlla solo, que aúlla porque es hueco por dentro, porque necesita más, porque eso no lo llena, ni lo ha llenado nunca. 

Quisiera solo poder divertirme. Ir a un lugar sin sentirme que tengo que ser la más nada, sin sentir que tengo nada que probar, sin sentir que necesito ser más yo. Quisiera poder estar en un lugar tranquila, relajada, queriendo solo divertirme. 

siempre me he escondido detrás del ser correcta, porque nunca me he sentido que puedo ser popular; y no en el sentido highschool de popular, sino genuinamente, alguien que pueda lograr que las demás personas sientan un atractivo por estar a su lado. 

No tengo problemas con hacerme panas. Siempre logro decir las palabras correctas, escuchar de una manera que no mucha gente sabe escuchar y ya. Nunca he conocido a alguien impenetrable en ese sentido. Nunca ha existido nadie a quien yo quiera conseguir que me resulte inalcanzable, ¿qué calculador, cierto? Entonces voy cambiando, no quien soy, pero cómo soy con esas personas. Si suena mal, no pretendo justificarme. Soy humana y a veces, un asco. Pero lo que quiero decir es que sinceramente nunca se me ha hecho difícil hablar con las personas, y quiero a las personas, desarrollo un fuerte lazo emotivo por alguna que otra razón. Encuentro ese lazo y lo aprovecho, pero después me aburro. Sinceramente. Dejo que la gente se vaya, que cambie, que desaparezcan, sintiéndolos a todos como mis muñecas. El problema siempre está cuando las quiero recuperar. Cuando quiero abrir el cajón y saber que siguen ahí. ¿muy histérico? Pues sí. Solo hay un manojo de personas que he conservado con el pasar del tiempo, que no dejo que se me escapen, que deseo constantemente tener junto a mí. 

Con ese manojo de personas me ha costado mucho encontrarme este año. Ahorita, en este momento de mi vida estoy intentando hacer un esfuerzo por recuperarlas. No sé sinceramente si lo logre. No sé si consiga a mi manojo de personas como las dejé, o si yo cambié y me volví alguien sinceramente insoportable como para aguantar. Es siempre una posibilidad. 

¿Estaré hablando de todo y al mismo tiempo de nada? Me cuesta estar conmigo misma. Había encontrado el equilibrio y ahora siento que tengo poco de él, que se encuentra escaso en mí. Quiero involucrarme en algo, aunque sea una vez y sentirme que puedo pertenecer, y ya está. Que no tenga que compararme con nadie más, o juzgar a nadie más. Quisiera poder vivir permaneciendo en mí sin tener que comprarme con ningún otro ser humano jamás. Solo comprarme conmigo misma por mi propio crecimiento. Poder ver a las personas con una frialdad objetiva que tanta falta me hace. 

Quisiera por una vez poder ser diferente a la persona que me obligo a ser. Quisiera poder despertarme un día y salir de la piel de serpiente, del traje y las máscaras, de la necesidad de aprobación y la obsesiva búsqueda por genuina identidad. Quisiera poder ser yo misma, quien sea que sea esa persona. Quisiera poder vivir una vida humilde libre de pensamientos hirientes, una vida en donde solo pueda concentrarme en un trabajo personal de hormiga. Intentar ser mejor por mí, para con mis seres queridos y ya. Quisiera poder vivir una vida tranquila sin el peso del juicio.

Pero todos sabemos que ese camino no viene en un abrir y cerrar de ojos. El camino que me planteo es un camino que labrar con martillo de escultor, erosionando la mente hasta que quede pulcra, sana, libre de tanta peste inútil. Quiero que mi mente sea como un mármol blanco liso. Solo eso. Como el bramar de las olas, que hipnotizan en su silencio, en su arrullo, en su magnánima simplicidad. 

Quiero poder encontrar a los girasoles en mí, y constantemente nutrirlos de sol, de amor propio, de humildad y de perseverancia para seguir trabajando. Quiero labrar un pequeño jardín en mi interior que sea mío y que no compita con los vecinos. Quiero encontrarme y cuando me encuentre, encontrando lo que sea y de la forma que sea, poder aceptarlo y darle un abrazo eterno, caer en un sueño conciliador conmigo misma y perdonarme, por tantos años de maltratos y auto flagelaciones. 

viernes, 25 de abril de 2014

el hilo rojo me lleva a ti.

No sabía de fútbol más que algunos nombres en el mundial, no sabía de cocina sino el arte del cereal, el sandwich y los nuggets. No veía series sino cuando podía, no tenía ni idea de cómo era Chacao ni mucho menos cómo montarme en un carrito. Jamás había besado a alguien que supiera a café. No entendía como alguien podía ponerle cheezwhiz a la arepa y jamás tomaba toddy. Nunca dejaba que me cargaran, no conocía mi ciudad si no era en carro y si de noche se trataba, solo conocía los nauseabundos e hipócritas clubes de la Lagunita y el Country Club. Nunca había bajado sola con amigos a la playa, jamás había pasado Año Nuevo que no fuese con mi familia y la posibilidad de olvidar al mundo entero por una persona era nula.

Hace un año empecé a experimentar lo que significaba amar a alguien de verdad. Comenzó por mensajes de texto furtivos, indagaciones secretas en Twitter hasta el día de hoy, exactamente hace un año. No sabía por qué, pero algo en mi interior me decía "ve increíble" y así fui. La adrenalina estaba en mis venas y si alguien me preguntaba, no sabía ni como ni por qué, pero sabía que algo ocurriría. Algo que jamás hubiese predicho. Llegué tarde, típico de mí. La travesía para el día más importante de mi vida consistía en buscar a mis amigos, riendo y abrazándolos como loquita que ríe sola. 

y ahí estabas. El universo te dejó en bandeja de plata para mí. tal vez no lo viste, pero estaba roja y de mi pecho sonaba un estruendo palpitar que nublaba mis oídos. Te saludé poco, te evité ver lo más que pude, porque no podía conmigo misma. 

Mientras bailaba al son de mis bandas venezolanas, de mi ritmo latino, de repente miraba hacia atrás buscando tu mirada, buscando detallarte cada vez un poco más. Si bailaba, si me estiraba, si me quedaba quieta, pensaba en la posibilidad de que tus ojos se posaran sobre mí. De que pensaran que me veía linda, de que me movía bien o de que aunque sea existía. 
Me acuerdo específicamente de estar muerta, de haberme desplomado sentada en el piso porque vi que Maria Laura lo hacía y que te acuclillaste para hablar con nosotros. Fue mi pico de emoción. Creo que me fui a dormir pensando específicamente en ese momento. El alivio por estar sentada, la felicidad de estar rodeada de mis amigos disfrutando de tal manera, la noche clara, el confetti en el suelo y tú ahí, sonriendo con ojitos de cansancio y tu voz tan grave y diferente. 

¿Qué hubiese hecho diferente si hubiese sabido todo desde un principio? Me hubiese vestido mucho mejor. Hubiese llegado a tiempo. Me hubiese calado mis nervios y no me habría separado de ti. Te abrazaría como siempre lo hago, te daría las gracias con ojos aguados y si no te puedo dar un beso, aunque sea te brindaba una birra. Si me hubiese dado cuenta que entre todas las personas presentes, de esa multitud de personas, de las personas en mi vida en ese momento y de las personas de mi vida en si tú estarías de protagonista, sinceramente me hubiese tirado encima de ti. 

Eres aquél que me enseñó a amar. A recorrer cada centímetro de una persona, física y personalmente y sentirte hambriento. Sentirte hambriento de las sensaciones que se producen en ti, de todo aquello que nace y fluye perfectamente por toda tu piel, por esos momentos en los que te sientes vivo. Los momentos en los cuales las canciones de amor tienen sentido, las pasiones desenfrenadas encuentran su justificación, porque si se sienten así como yo, no hay nada más que razonar. No hay mejor dormir que dormir a tu lado, no hay un cuerpo en donde me sienta más cómoda, más parte de. 

Son demasiadas cosas y no sé como explicarlas todas. 

Eres una parte de mí enterrada en mi corazón, en aquella parte tan íntima y perfecta del sentimiento que siquiera pensándolo me pongo a llorar. Eres todo aquello y más que lo que esperé, has tomado mi vida y la has renombrado a "Antes y Después". Eres mi imperfecto complemento, eres mi amigo perfecto, mi confidente más importante y eres la más dulce de todas mis drogas. Eres aquello a lo que me aferro cada vez que quiero ser feliz, eres mi inspiración, eres aquella fortaleza que me alza poderosa. Hasta eres aquél impulso que me ayuda a amarme. 

Gracias universo. Gracias vida, gracias a todas las vidas que me pusieron junto a ti. Gracias Venezuela, gracias Caracas, gracias Simple Plan y los que los odian, gracias Arianna Tortolero, gracias Zoraida y Miguel, gracias universidad Monteávila, gracias Rafael y Laura, gracias Famasloop, Rawayana, la Vida Bohéme, Britsio y Kika, gracias destino y gracias a ti, mi amor, mi amante, mi complemento, mi vida, mi gordo, mi negrito, mi dulzura, mi fortaleza, mi inspiración, mi conciencia, mi diversión y disfrute, mi placer carnal, mi mejor amigo, mi sueño de amor correspondido. 



jueves, 6 de marzo de 2014

empty chairs and empty tables

Querido Bassil:

Hermano querido, tengo mucho que decirte. Tus últimas horas las pasamos muy parecidos, solo que yo tomé una sola decisión que me separa de ti. Ambos marchábamos, ambos éramos estudiantes, ambos nos habíamos despedido hace unas horas de nuestros seres queridos sin saber si los volveríamos a ver. Es escalofriante pensar que tal vez hasta te vi, te pasé por al lado, te empujé intentando pasar, gritamos consignas juntos en algún momento.

Hace como dos días fui al sitio en donde está tu silueta reflejada en el piso. Debo decir que nunca había ido a ese lugar antes. Te llevé una vela que encendí (dos veces) y sentí muchísimo el no haberte conseguido flores en el camino. Prometo volver y llevarte la próxima vez. Siento decirte que no lloré estando ahí, en el altar que construyeron en tu nombre, justo en la esquina. No sé, no pude. Antes de ir me aseguré de maquillarme los ojos lo bastante de negro para obligarme a no hacerlo.

Tu altar es hermoso, aunque sencillo y humilde. Debería ser mucho más grande, pero el hecho no le quita la hermosura. Tiene muchas flores y te prometo que no están muertas, todas están vivas y huelen bien. La gente te ha dejado velas como yo, hasta vi unas oraciones coleadas en el piso junto a ellas. En la pared, pegadas, hay varias cosas que quisiera contarte. Primero, está tu foto. Te ves bien y estás usando una chaqueta del deportivo del Táchira. Arriba, dice en letras muy grandes: ESTUDIANTE CAÍDO. Al lado, una lista de todos aquellos que han muerto también después de ti. No todos son estudiantes ya. Además, hay muchísimas figuras de la Virgen María, de Jesucristo, de Gregorio Hernández y muchos ángeles alrededor. Pero lo más grande, es un rosario gigante que hicieron, cada cuenta es una estrella mínima y con los colores de nuestra bandera. En cada una de las 10 cuentas hay una palabra: fuerza, fe, amor, esperanza.

Fui acompañada por mi mejor amigo, que te visitó antes que yo y después me invitó a ir con él. Llegamos y el silencio se apoderó de nosotros. La energía que hay en el lugar es abrumadora. Abrazados vimos todo, sin poder decir ni una palabra. Mucha gente pasó, vio todo, se persignó, comentaron cosas y después se fueron. Te dije tantas cosas y te pedí perdón por tantas más. Pensé también en todos aquellos que habían muerto después de ti y como yo he ido perdiendo la razón con cada video, foto y noción que tengo de la lista de inocentes perdidos. Encomendé tu alma a la Virgen y le pedí que pudieras conseguir la luz, lo pedí desde el fondo de tu corazón.

Vi todo aquello que viste por última vez. Vi el edificio desde donde grabaron el disparo que dio fin a tu vida, donde ahora solo hay el dibujo de un cuerpo y las siguientes palabras: "Bassil, estudiante asesinado el 12F,  jamás olvidar". Créeme que aunque nunca te conocí, no podría olvidarte y te has vuelto un héroe para nuestra tierra. Tu muerte y la de tantos otros han sido la mecha que nos ha dado la fuerza para finalmente equilibrar la balanza de esta lucha. Pero quiero ser clara, ojalá jamás hubieses muerto, hermano. Ojalá nadie hubiese tenido que morir para que esto se diera y por eso, de nuevo te pido mis más sinceras disculpas.

Finalmente, quisiera repetirte lo que te dije esa vez. Quiero repetirte que desearía haber sido yo en tu lugar, que jamás podría reponer la deuda que tengo con cada uno de ustedes, mis hermanos que han muerto y han sido la llama para esta revolución. Que ustedes han tenido que morir para que esto ocurra, que mientras sus familias han tenido que vivir sus perdidas, mi familia aún me tiene. Sana y salva, a costa de que ustedes no lo estén. Perdóname Bassil, a quien jamás conocí, porque fueras tú.

Prometo jamás olvidar tu cara, tu nombre, ni tu sacrificio. Hermano mío, te lo juro.

- Camila Perozo, 06/03/2014.

There's a grief that can't be spoken.
There's a pain goes on and on
.Empty chairs at empty tables

Now my friends are dead and gone.



Here they talked of revolution
Here it was they lit the flame
Here they sang about `tomorrow'

And tomorrow never came.



From the table in the corner

They could see a world reborn

And they rose with voices ringing

I can hear them now!

The very words that they had sung

Became their last communion

On the lonely barricade at dawn

.

Oh my friends, my friends forgive me
That I live and you are gone.
There's a grief that can't be spoken.

There's a pain goes on and on.



Phantom faces at the window.

Phantom shadows on the floor.

Empty chairs at empty tables

Where my friends will meet no more.

Oh my friends, my friends, don't ask me
What your sacrifice was for

Empty chairs at empty tables


Where my friends will sing no more

calma en un vaso de te

Contar esta historia no es sencillo. Vivir esta historia tampoco lo es. Si hay alguien aquí presente y oyente que desee brindarme una mejor alternativa, lo apreciaría ya que yo no sé en donde estoy parada. Estoy viviendo una guerra silenciosa y no, no es como las guerras que he descrito antes que ocurrían en mí interior. Esta guerra ocurre afuera de mí, los protagonistas son personas que ni conozco y que, queriéndolo o no, tienen en sus manos el rumbo de mi vida en estos momentos.
O así lo siento yo.

En esta guerra hay dos bandos. Esta guerra se protagoniza con mentiras y corrupción. Esta guerra la vivimos todos aquellos que vivimos en mi país o que nacimos de mi tierra, no importa en donde estén ahora. Es una guerra que aunque parezca protagonizada por discursos, cárceles, detenidos, bombas, sangre, odio y gritos, no es por eso. Esto es una guerra por sostener un pedazo de tierra llamado "nación" que nadie quiere ya compartir. Esta guerra es un intenso jalar de la cuerda, porque cada uno queremos nuestra propia versión de Venezuela. Estamos en guerra porque hemos dejado de escuchar y cooperar y hemos decidido quererla para nosotros, cada quien tirando lo más fuerte que pueda, sin importar como quede nuestro pequeño país después.

Toda guerra tiene protagonistas, malos y buenos (si quieren llamarlos así), líderes y seguidores y también, un singular grupo de espectadores. Mi rol ha sido el último nombrado y no puedo contarles lo difícil que me ha resultado. No puedo describir la impotencia que siento de no poder hacer, de no encontrarme en este caos, de perder la ilusión del "control" como nunca antes, de ver a mis seres queridos a la merced del destino sin importar cuanto quiera ponerme en su lugar. No puedo empezar por explicar lo desagradable que es ver a los indiferentes que van al cine mientras otros mueren, que hacen mercado mientras otros miles están ahogados por bombas, soñando felices por sus inesperadas vacaciones cuando hay tantos otros que no pueden dormir por los constantes e interminables gritos. Aunque sea eso agradezco. Agradezco estar consciente de lo que sucede, aunque a veces tengo que distraerme y obligarme a despegarme de las noticias. Los ataques de pánico son constantes y aunque parezca inútil que los tenga viviendo la realidad desde el lugar de los espectadores, los tengo porque no puedo evitar querer estar en su lugar.

Quisiera ser hombre, quisiera tener más agallas y huir de casa, quisiera poder tener el coraje y ponerme delante de los guardias, quisiera ser de aquellos jóvenes hermanos míos que han sido detenidos y alejados de su familia, torturados y acechados por la injusticia. Quisiera poder estar en su lugar, porque no puedo sino sentirme que mientras ellos hacen, yo solo recibo las consecuencias de sus valientes y admirables actos. Quisiera poder hacer algo, lo que sea.

Los espectadores a veces no tenemos opción. A veces entendemos que es mejor quedarnos con todo y la arrechera, pero sabiendo que es mejor acompañar a tu hermana menor, que solo tiene 15 años y que se quedaría sola sino es por ti. A veces tenemos que quedarnos para devolverle una sonrisa a tu exhausta madre cuando vuelve del trabajo, de la búsqueda (o más bien lucha) por conseguir comida. A veces es mejor quedarte hasta las 6:30 de la mañana despierta para contestarle los mensajes a tu novio cuando te necesite, tu novio que sí vive en lugares de disturbios y miedo, tu novio que necesita a alguien que lo escuche y alguien que le transmita paz. A veces es mejor ser el hombro de tus amigas desesperadas que, como tú, están a pasos de perder la cordura. A veces, es mejor quedarse y darle un plato de comida caliente, un te, hielo para su dolor de cabeza y ser aquél que reciba al héroe. En otras oportunidades también podremos ser héroes (o heroínas). Solo hay que entender en donde ayudamos más y donde podemos brindar más paz.

Parece fácil de entender y obedecer, pero créanme, no lo es. Todos los días renazco en la misma realidad, en días que parecen pasar y ser iguales. Cuando nos damos cuenta, llevamos casi un mes que entramos en la absoluta anarquía. ¿Entienden siquiera el miedo que sentimos aquellos que por otras personas perdimos noción del tiempo, de nuestra vida, de nuestra rutina y obligaciones? Ojalá hubiese sido a cambio de algo más que desesperación, angustia, miedo y mucho, pero mucho odio.
Todos nos llamamos nombres, todos buscamos separarnos, clasificarnos, juzgarnos y no puedo sino pensar que el cambio recae en que no podemos ver a la persona que está a nuestro lado porque la consideramos diferente. Siglo XXI y vivimos en la discriminación más dura. Discriminamos por el color de nuestra piel, ojos, color de cabello y acento. Discriminamos por posición social, pensamiento ideológico y religioso, discriminamos hasta aquellos que piensan y se ven igual que nosotros. Así de mal estamos. Lo peor de todo es que vivimos en el país con la mayor mezcla de razas, culturas y países. Somos descendientes y progenitores de la mezcla, sea que termine café con leche o marrón bien oscurito.

De nuevo mi querido diario online y tan cercano amigo, no sé que más hacer. Sé que tengo una brújula interna, sé que debo buscar a los girasoles, sé que debemos rescatar la unión y la alegría tan distintivos de mi Venezuela. Sé que todos debemos dejar de decir que amamos a Venezuela y empezar a demostrárselo con acciones, con hecho puro y duro, ¿pero qué hago? ¿Dónde soy de utilidad? ¿Dónde puedo ser lo mejor de mí misma y ayudar?

Si tienes las respuestas por favor, así sea por señal divina, ayúdame. Ayúdame a no perderme para intentar ayudar a todos los que están dando la batalla por mí. Enséñame a ser su reportera, su sanadora, lo que sea. Sólo guíame.

lunes, 17 de febrero de 2014

17/02/2014

Hay algo siniestro en toda fantasía o sueño. No hay nada más espeluznante que haber recorrido todo lo perverso, lo horripilante, el horror y lo grotesco y darte cuenta que no le llega a los talones a la realidad. Que poco importa lo que diseñe el hombre, para bien y para mal, la realidad siempre será mucho más contundente y poco podemos hacer los mortales por cambiarlo.

poco a poco me doy cuenta que así quiera siempre internar a la gente en lo mejor, en diversiones y felicidades, siempre tendrán que enfrentarse a la cruda realidad que eliminará todo rastro de fantasía como una ducha fría.

Es escalofriante. Que ni mis monstruos más horribles se puedan comparar con lo que se vive en las calles de mi país. Probablemente me encuentren escondiéndome en mi fortaleza de cubrecamas de flores, postres, películas y juegos, pero detrás de eso siempre estará alguien que completamente consciente, alguien está eligiendo ver lo mejor, así sea que estén pasando Pocahontas en Disney. Eso será bueno e importante, de alguna manera y de algún modo

miércoles, 5 de febrero de 2014

Las pasas en mi granola. Ausencia de ti.


¿Por qué tienen que gustarte las pasas? ¿Por qué te gusta Tarantino, el fútbol, la cerveza y el café? ¿Por qué si tus pasiones son tan diferentes a las mías, hoy no puedo despegar mi mente de ti? Aunque en un entorno tan diferente, todo hoy me recuerda a ti. Me recuerda a ti y de una el dolor sube por mi garganta, mi mente se niebla, todo pierde interés y mis ojos me delatan. Las pasas, las malditas pasas que siempre termino dándote. Son increíbles las pequeñas cosas que escoge mi inconsciente para hacerme querer llorar y salir del cuarto.

Las voces suenan a eco lejano. Lo único que busca mi atención por el rabo del ojo es mi teléfono, en donde estoy evitando hablarte. Es como si me rogase que te perdone. Que deje el orgullo y la estupidez, pero no puedo esconder mi molestia. Quiero que me demuestres que puedes cambiar, quiero que me demuestres que te importa si en verdad no puedes. Ayer antes de irme a dormir en sueños obviamente intranquilos, me lo prometiste. Me prometiste que mis palabras no rodarían en el abismo, que no seguirías repartiéndome palabras vacías con intención de callarme (aunque eso último lo estoy añadiendo yo, obviamente. Jamás me dirías algo tan cruel).

Me quitas energía, es como si mi cuerpo no tolerase el daño, la tristeza, me drenas de ánimo y de voluntad.  Haces que lo único que pueda tolerar es Lana del rey y sabes muy bien qué tipo de ánimo debo tener para escuchar Lana. Es como un “micro depresso”.

Y lo peor es que después de todo esto, lo único que quiero hacer es abrazarte, sentirme en tus brazos, escuchar tu risa y olvidar todo este reclamo. Tienes un efecto en mí que es escalofriante. Mueves mis días. Nadie había llegado tan profundo. Yo te dejé entrar y eso tiene sus consecuencias y estoy feliz con eso. Pero duele.

domingo, 2 de febrero de 2014

dreams of sunflowers

There's a story about a girl who had sunflowers in her mind.
Yes, not in her hair neither in her dreams, they grew in her interior.
Therefore, she was always looking for the sun.
No matter where she went she was guided towards the sun,
towards happiness, light, warmth and joy.
No matter where she went, and this she didn't know,
she left a trail of flowers in her walk.
She left them there, and sometimes people grabbed them
or saw them, or smelled them.
They were beautiful because they were true.
People are always looking for pureness, even thought
they sometimes disguise it.
And so, even if it was only for a second,
people felt sunlight in their skin.

So there she was, moving towards the sun,
no matter where or how she went,
she was always one inch closer,
and so, the sunflowers danced in her mind.

I don't know where she is, or how is she.
All I know she is in the infinite journey towards
her destiny, traveling endlessly.
She's all I can think of when I see sunflowers.
I always wonder if she's been here or there,
leaving a trail, planting flowers with her steps.


Recently, all that I see are sunflowers.
I wonder if she planted them there.
She is the thing I always think about:
her laugh, warmth, smile and
way of wrinkling her nose.

Please, if you can,
tell the story of the girl
with sunflowers in her mind.

salvando al señor Perozo.

Cuando yo era pequeña, mi papá era el héroe de mis cuentos. Aunque, inevitablemente, siempre quise más a mi mamá, mi padre era mi luz. He aprendido demasiadas cosas de él que me hacen la persona que soy hoy, y aunque hasta ahorita no había podido decirlo, lo admiro mucho. En mi familia mi papá  siempre buscaba lo mejor para mí, me hacía sentir el ser más especial y me trataba como si lo fuera. Nunca dejó que yo tuviese algo menor a lo que merecía y siempre me alentó a ser la mejor. Para mí era como un gran caballero de armadura y todavía hoy no puedo evitar que mis ojos brillen cuando cuento algo de él. ¿Cómo no podría? Era increíblemente cool, tenía su estilo y su brillo particular, tenía una autenticidad envidiable. 

Una de las cosas que siempre caracterizó a mi papá era que siempre quiso defenderme, siempre e inconscientemente sus acciones estaban guiadas por eso. Creo que yo era más preciada para él de lo que yo podía imaginarme. Quería que fuese abogada para que nadie me ganase en un argumento y supiera defenderme, meterme en artes marciales pero sin pelear para que aprendiera a defenderme, ser flaca para jamás tener que aguantar insultos y saber defenderme, demasiadas cosas que lamentablemente, forzó. Yo muy pequeña obedecía, pero lo recuerdo con mucha claridad, me hacía demasiado daño porque yo no quería ser obligada a nada. Podrían, o sea toda la familia, estar en la cama viéndome hacer miles de caídas de aikido, porque él no quería volverme a llevar a un hospital por una caída. Y espero que esto no lo haga ver malvado, pero me obligó tanto y me alejó tanto de él por esto.  A medida que fui creciendo sentía su yugo cada vez más duro e incomprensible, como si él me estuviese obligando a ser alguien que yo no era. Todavía lo hace. 

De tanto que quiso defenderme que terminé defendiéndome de él.
No hay manera de describir el tener a un héroe y verlo cuando todas sus arrugas toman lugar, cuando lo encuentras fumando y bebiendo, con fotos de mujeres desconocidas, con palabras agrias y sentimientos crudos en la boca, cuando ves sus hábitos desorganizados y su casa marchitándose, cuando tienes que luchar constantemente con el pasado y el presente de una persona de la cual no puedes separarte; que es inamovible de tu vida.

Dios sabe que lo intenté justificar de todas las maneras y en todos los casos hasta que su daño hacia todo el mundo y conmigo, también afectó a mi hermana y ahí todo se rompió para mí. La persona salvable y corregible se transformó en mi depósito de odio. Lo juzgué de culpable y empezó el largo proceso por separarme, lo cual creo que es obvio que no pude. Verán, cuando uno quiere tanto a alguien, cuando significa tanto para ti y cuando tiene tanto peso como el que tiene mi papá en mi vida es imposible que pase eso. No importa si dejas de hablarle, lo dejas de ver, habrán canciones que te acuerden a él, personas que trotando en el parque tengan sus inicios de calvicie, los días del padre traerán ánimos oscuros y llenos de rencor y poco a poco; algo en ti se volverá ácido. Ni siquiera sé como explicarlo, el tema o nombre de mi padre convocaba en mí los sentimientos más inmediatos de evasión pero eran inútiles, porque permanecían ahí, dándome vueltas en la cabeza y haciéndome pesado el corazón. Lo que yo no entendí fue que esto me trajo tanto dolor y tanta necesidad de defenderme, que tomé esta situación como postura ante la vida. Siempre estaba tan a la defensiva y queriendo alejarme de monstruos invisibles que mi presencia se transformó en tóxica, al igual que él. Sé que mientras más odio le tenía, más acrecentaba inconscientemente todas las facetas de él que tengo en mí y que para ese momento odiaba. Por consecuente, me odié mucho y por mucho tiempo.

Es imposible no idealizar, ¿no es así? Para todas las mujeres nuestro padre es icónico en nuestra vida, así como creo que son los hombres con sus madres. Intenté por muchos años arreglar a un hombre cuando nadie podía, le agarré temor y lo obligué a que me causara muchísimo daño. Hasta el día de hoy esas siguen siendo cicatrices que no desaparecerán y que están ahí por alguna razón. El universo funciona de maneras impredecibles y aunque mi papá así jamás lo quiso, me enseñó a defenderme, y yo he tenido que aprender a flexibilizar mis murallas. 

Creo que algún día quisiera escribir una biografía de él, contar su historia y aprender a verlo sin juzgar, porque lo he juzgado demasiado y muy duramente. Es un hombre bueno, carismático, con una manera de querer muy linda, protector por naturaleza, un gusto por la música increíble y un artista nato. Tiene facilidad con las palabras y el dibujo se le da muy bien, con las tecnologías es un genio y puede hablarte de lo que sea, tiene un genio digno de escuchar, así como una manera mágica de contar historias. 

No sé que hago escribiendo, y aunque parezca que repito la misma historia una y otra vez, no es cierto. Siempre estoy descubriendo y sintiendo cosas nuevas. Jamás hubiese pensado en mi sano juicio que lo llegaría a perdonar y lo hice. Se lo dije y me salió del alma, lo sentí con cada fibra de mi cuerpo y ese día ambos nos sanamos. Después de demasiadas lágrimas, cada uno se quitó una mochila de encima. Eso no le quita quien es, ni todas sus terribles y encantadoras formas de ser, que ahora veo más claramente que nunca. Eso tampoco significa que nuestra relación es del cuarteto de familia feliz y por Cristo deberíamos dejar de usar esa utópica y ridícula expresión. Las familias, los padres y sus hijos están hechos para una sola cosa, y eso es ser una familia. Dejemos de añadirle adjetivos porque no incluyen a todo el mundo y nos sentimos disfuncionales cuando estamos siendo normales. Familias que pelean, familias que no se llevan bien, familias que desligan o familias que hacen daño. 

La voz de mi padre ya no me trae malos recuerdos. Cuando cierro los ojos, escucho su peculiar exhalación, aquella que hace cuando nos abraza a mí y a mi hermana, mirando hacia arriba como dando gracias. De verdad creo que en el momento en el que yo me sienta bien con nuestra relación y pueda seguir adelante sin un rastro de daño, y con la fuerza del perdón, yo creo que lo sacaré del hueco oscuro en donde huye de su soledad. 

Espero hacerlo. Espero poder lograr salvar a mi papá.