jueves, 6 de marzo de 2014

empty chairs and empty tables

Querido Bassil:

Hermano querido, tengo mucho que decirte. Tus últimas horas las pasamos muy parecidos, solo que yo tomé una sola decisión que me separa de ti. Ambos marchábamos, ambos éramos estudiantes, ambos nos habíamos despedido hace unas horas de nuestros seres queridos sin saber si los volveríamos a ver. Es escalofriante pensar que tal vez hasta te vi, te pasé por al lado, te empujé intentando pasar, gritamos consignas juntos en algún momento.

Hace como dos días fui al sitio en donde está tu silueta reflejada en el piso. Debo decir que nunca había ido a ese lugar antes. Te llevé una vela que encendí (dos veces) y sentí muchísimo el no haberte conseguido flores en el camino. Prometo volver y llevarte la próxima vez. Siento decirte que no lloré estando ahí, en el altar que construyeron en tu nombre, justo en la esquina. No sé, no pude. Antes de ir me aseguré de maquillarme los ojos lo bastante de negro para obligarme a no hacerlo.

Tu altar es hermoso, aunque sencillo y humilde. Debería ser mucho más grande, pero el hecho no le quita la hermosura. Tiene muchas flores y te prometo que no están muertas, todas están vivas y huelen bien. La gente te ha dejado velas como yo, hasta vi unas oraciones coleadas en el piso junto a ellas. En la pared, pegadas, hay varias cosas que quisiera contarte. Primero, está tu foto. Te ves bien y estás usando una chaqueta del deportivo del Táchira. Arriba, dice en letras muy grandes: ESTUDIANTE CAÍDO. Al lado, una lista de todos aquellos que han muerto también después de ti. No todos son estudiantes ya. Además, hay muchísimas figuras de la Virgen María, de Jesucristo, de Gregorio Hernández y muchos ángeles alrededor. Pero lo más grande, es un rosario gigante que hicieron, cada cuenta es una estrella mínima y con los colores de nuestra bandera. En cada una de las 10 cuentas hay una palabra: fuerza, fe, amor, esperanza.

Fui acompañada por mi mejor amigo, que te visitó antes que yo y después me invitó a ir con él. Llegamos y el silencio se apoderó de nosotros. La energía que hay en el lugar es abrumadora. Abrazados vimos todo, sin poder decir ni una palabra. Mucha gente pasó, vio todo, se persignó, comentaron cosas y después se fueron. Te dije tantas cosas y te pedí perdón por tantas más. Pensé también en todos aquellos que habían muerto después de ti y como yo he ido perdiendo la razón con cada video, foto y noción que tengo de la lista de inocentes perdidos. Encomendé tu alma a la Virgen y le pedí que pudieras conseguir la luz, lo pedí desde el fondo de tu corazón.

Vi todo aquello que viste por última vez. Vi el edificio desde donde grabaron el disparo que dio fin a tu vida, donde ahora solo hay el dibujo de un cuerpo y las siguientes palabras: "Bassil, estudiante asesinado el 12F,  jamás olvidar". Créeme que aunque nunca te conocí, no podría olvidarte y te has vuelto un héroe para nuestra tierra. Tu muerte y la de tantos otros han sido la mecha que nos ha dado la fuerza para finalmente equilibrar la balanza de esta lucha. Pero quiero ser clara, ojalá jamás hubieses muerto, hermano. Ojalá nadie hubiese tenido que morir para que esto se diera y por eso, de nuevo te pido mis más sinceras disculpas.

Finalmente, quisiera repetirte lo que te dije esa vez. Quiero repetirte que desearía haber sido yo en tu lugar, que jamás podría reponer la deuda que tengo con cada uno de ustedes, mis hermanos que han muerto y han sido la llama para esta revolución. Que ustedes han tenido que morir para que esto ocurra, que mientras sus familias han tenido que vivir sus perdidas, mi familia aún me tiene. Sana y salva, a costa de que ustedes no lo estén. Perdóname Bassil, a quien jamás conocí, porque fueras tú.

Prometo jamás olvidar tu cara, tu nombre, ni tu sacrificio. Hermano mío, te lo juro.

- Camila Perozo, 06/03/2014.

There's a grief that can't be spoken.
There's a pain goes on and on
.Empty chairs at empty tables

Now my friends are dead and gone.



Here they talked of revolution
Here it was they lit the flame
Here they sang about `tomorrow'

And tomorrow never came.



From the table in the corner

They could see a world reborn

And they rose with voices ringing

I can hear them now!

The very words that they had sung

Became their last communion

On the lonely barricade at dawn

.

Oh my friends, my friends forgive me
That I live and you are gone.
There's a grief that can't be spoken.

There's a pain goes on and on.



Phantom faces at the window.

Phantom shadows on the floor.

Empty chairs at empty tables

Where my friends will meet no more.

Oh my friends, my friends, don't ask me
What your sacrifice was for

Empty chairs at empty tables


Where my friends will sing no more

calma en un vaso de te

Contar esta historia no es sencillo. Vivir esta historia tampoco lo es. Si hay alguien aquí presente y oyente que desee brindarme una mejor alternativa, lo apreciaría ya que yo no sé en donde estoy parada. Estoy viviendo una guerra silenciosa y no, no es como las guerras que he descrito antes que ocurrían en mí interior. Esta guerra ocurre afuera de mí, los protagonistas son personas que ni conozco y que, queriéndolo o no, tienen en sus manos el rumbo de mi vida en estos momentos.
O así lo siento yo.

En esta guerra hay dos bandos. Esta guerra se protagoniza con mentiras y corrupción. Esta guerra la vivimos todos aquellos que vivimos en mi país o que nacimos de mi tierra, no importa en donde estén ahora. Es una guerra que aunque parezca protagonizada por discursos, cárceles, detenidos, bombas, sangre, odio y gritos, no es por eso. Esto es una guerra por sostener un pedazo de tierra llamado "nación" que nadie quiere ya compartir. Esta guerra es un intenso jalar de la cuerda, porque cada uno queremos nuestra propia versión de Venezuela. Estamos en guerra porque hemos dejado de escuchar y cooperar y hemos decidido quererla para nosotros, cada quien tirando lo más fuerte que pueda, sin importar como quede nuestro pequeño país después.

Toda guerra tiene protagonistas, malos y buenos (si quieren llamarlos así), líderes y seguidores y también, un singular grupo de espectadores. Mi rol ha sido el último nombrado y no puedo contarles lo difícil que me ha resultado. No puedo describir la impotencia que siento de no poder hacer, de no encontrarme en este caos, de perder la ilusión del "control" como nunca antes, de ver a mis seres queridos a la merced del destino sin importar cuanto quiera ponerme en su lugar. No puedo empezar por explicar lo desagradable que es ver a los indiferentes que van al cine mientras otros mueren, que hacen mercado mientras otros miles están ahogados por bombas, soñando felices por sus inesperadas vacaciones cuando hay tantos otros que no pueden dormir por los constantes e interminables gritos. Aunque sea eso agradezco. Agradezco estar consciente de lo que sucede, aunque a veces tengo que distraerme y obligarme a despegarme de las noticias. Los ataques de pánico son constantes y aunque parezca inútil que los tenga viviendo la realidad desde el lugar de los espectadores, los tengo porque no puedo evitar querer estar en su lugar.

Quisiera ser hombre, quisiera tener más agallas y huir de casa, quisiera poder tener el coraje y ponerme delante de los guardias, quisiera ser de aquellos jóvenes hermanos míos que han sido detenidos y alejados de su familia, torturados y acechados por la injusticia. Quisiera poder estar en su lugar, porque no puedo sino sentirme que mientras ellos hacen, yo solo recibo las consecuencias de sus valientes y admirables actos. Quisiera poder hacer algo, lo que sea.

Los espectadores a veces no tenemos opción. A veces entendemos que es mejor quedarnos con todo y la arrechera, pero sabiendo que es mejor acompañar a tu hermana menor, que solo tiene 15 años y que se quedaría sola sino es por ti. A veces tenemos que quedarnos para devolverle una sonrisa a tu exhausta madre cuando vuelve del trabajo, de la búsqueda (o más bien lucha) por conseguir comida. A veces es mejor quedarte hasta las 6:30 de la mañana despierta para contestarle los mensajes a tu novio cuando te necesite, tu novio que sí vive en lugares de disturbios y miedo, tu novio que necesita a alguien que lo escuche y alguien que le transmita paz. A veces es mejor ser el hombro de tus amigas desesperadas que, como tú, están a pasos de perder la cordura. A veces, es mejor quedarse y darle un plato de comida caliente, un te, hielo para su dolor de cabeza y ser aquél que reciba al héroe. En otras oportunidades también podremos ser héroes (o heroínas). Solo hay que entender en donde ayudamos más y donde podemos brindar más paz.

Parece fácil de entender y obedecer, pero créanme, no lo es. Todos los días renazco en la misma realidad, en días que parecen pasar y ser iguales. Cuando nos damos cuenta, llevamos casi un mes que entramos en la absoluta anarquía. ¿Entienden siquiera el miedo que sentimos aquellos que por otras personas perdimos noción del tiempo, de nuestra vida, de nuestra rutina y obligaciones? Ojalá hubiese sido a cambio de algo más que desesperación, angustia, miedo y mucho, pero mucho odio.
Todos nos llamamos nombres, todos buscamos separarnos, clasificarnos, juzgarnos y no puedo sino pensar que el cambio recae en que no podemos ver a la persona que está a nuestro lado porque la consideramos diferente. Siglo XXI y vivimos en la discriminación más dura. Discriminamos por el color de nuestra piel, ojos, color de cabello y acento. Discriminamos por posición social, pensamiento ideológico y religioso, discriminamos hasta aquellos que piensan y se ven igual que nosotros. Así de mal estamos. Lo peor de todo es que vivimos en el país con la mayor mezcla de razas, culturas y países. Somos descendientes y progenitores de la mezcla, sea que termine café con leche o marrón bien oscurito.

De nuevo mi querido diario online y tan cercano amigo, no sé que más hacer. Sé que tengo una brújula interna, sé que debo buscar a los girasoles, sé que debemos rescatar la unión y la alegría tan distintivos de mi Venezuela. Sé que todos debemos dejar de decir que amamos a Venezuela y empezar a demostrárselo con acciones, con hecho puro y duro, ¿pero qué hago? ¿Dónde soy de utilidad? ¿Dónde puedo ser lo mejor de mí misma y ayudar?

Si tienes las respuestas por favor, así sea por señal divina, ayúdame. Ayúdame a no perderme para intentar ayudar a todos los que están dando la batalla por mí. Enséñame a ser su reportera, su sanadora, lo que sea. Sólo guíame.