Cuando cerré la puerta detrás de mí, me di cuenta. Me di
cuenta de todo aquello que hablan en los mayores clichés, porque en todo cliché
hay verdades.
Cuando te fuiste se quedó un vacío.
Me recibió una casa sola y silenciosa, cuartos opacos sin tu
sonrisa y espacios mudos sin el sonido de tu risa.
Me llaman a decirme que me van a ir a ver, que continúa el
plan, que todo sigue, y mis ganas son nulas. Después de tanto tiempo contigo,
¿qué voy a querer hacer sin ti?
Tengo miedo, tengo miedo a las distancias, a la soledad, al
tiempo y a los kilómetros, porque si bien nos hemos podido ver tanto, ¿quién
soy yo cuando tú no estás a mi lado?
Es como si una parte de mí se escondiese, se callase, se
apartase.
No hay barreras ya que haya puesto entre tú y yo. Las derrumbaste,
las hiciste añicos y cambiaste mis paradigmas. Me abrí por completo y sin
temor, pero ahora temo en que me vayas a hacer falta cada vez que te alejes,
cada noche que pasemos sin vernos o sin hablar. He compartido cada rincón de mi
mundo contigo, y simplemente tú los has ido retocando todos, cambiándoles el
color y la forma, añadiéndoles brillo.
Ahora entiendo tu tristeza al dejarme ir, porque hoy la sentí
más fuerte que nunca. Definitivamente, no sé si podría jamás aguantar una
relación a larga distancia, como una negrita que conozco. La idea de pasar
semanas o incluso meses sin poder abrazarte, darte un beso o verte sonreír es
un dolor físico.
Cuando te toco es como si mis dedos se llenaran de
curiosidad, de ambición, quiero todo de ti. Cuando tus dedos me tocan es como
si el camino que dejaran me fuese incendiando, mi temperatura de acrecentar y
una vez que me rozas, ese pedazo de mí es diferente.
Perdóname, pero estoy enamorada de ti. En el amor tipo
clichés, en el amor ambicioso que quiere todo y lo mejor, que desea todo de ti
y dar lo mismo de mí. Sólo te amo hoy, y al cerrar esa puerta sentí el vacío en
el estómago, pista de lo que podría sentir si llegas a salir de mi vida.
Y me asusté.
No hay comentarios:
Publicar un comentario