miércoles, 5 de febrero de 2014

Las pasas en mi granola. Ausencia de ti.


¿Por qué tienen que gustarte las pasas? ¿Por qué te gusta Tarantino, el fútbol, la cerveza y el café? ¿Por qué si tus pasiones son tan diferentes a las mías, hoy no puedo despegar mi mente de ti? Aunque en un entorno tan diferente, todo hoy me recuerda a ti. Me recuerda a ti y de una el dolor sube por mi garganta, mi mente se niebla, todo pierde interés y mis ojos me delatan. Las pasas, las malditas pasas que siempre termino dándote. Son increíbles las pequeñas cosas que escoge mi inconsciente para hacerme querer llorar y salir del cuarto.

Las voces suenan a eco lejano. Lo único que busca mi atención por el rabo del ojo es mi teléfono, en donde estoy evitando hablarte. Es como si me rogase que te perdone. Que deje el orgullo y la estupidez, pero no puedo esconder mi molestia. Quiero que me demuestres que puedes cambiar, quiero que me demuestres que te importa si en verdad no puedes. Ayer antes de irme a dormir en sueños obviamente intranquilos, me lo prometiste. Me prometiste que mis palabras no rodarían en el abismo, que no seguirías repartiéndome palabras vacías con intención de callarme (aunque eso último lo estoy añadiendo yo, obviamente. Jamás me dirías algo tan cruel).

Me quitas energía, es como si mi cuerpo no tolerase el daño, la tristeza, me drenas de ánimo y de voluntad.  Haces que lo único que pueda tolerar es Lana del rey y sabes muy bien qué tipo de ánimo debo tener para escuchar Lana. Es como un “micro depresso”.

Y lo peor es que después de todo esto, lo único que quiero hacer es abrazarte, sentirme en tus brazos, escuchar tu risa y olvidar todo este reclamo. Tienes un efecto en mí que es escalofriante. Mueves mis días. Nadie había llegado tan profundo. Yo te dejé entrar y eso tiene sus consecuencias y estoy feliz con eso. Pero duele.

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