No hay nada más difícil que abrir una puerta cuando esta está cerrada con seguro y temor. Todas las puertas que están selladas así, fueron selladas por alguna razón. Nadie se cierra al mundo por mera curiosidad, ya que quiero creer que todos somos "buenos" por naturaleza.
Nosotros cerramos nuestras puertas a quien no queremos dejar entrar, o a cosas que no queremos dejar salir.
Yo, por ejemplo, le cerré la puerta a mi papá. Le cerré la puerta a su violencia, a su manera hueca de querer, a sus imposibles demandas con respecto a mí y lo que yo debía de ser según su opinión y me cerré a la soledad que él desea imponer a todos los que se le acercan.
Yo, también, encerré a todas mis inseguridades. Las empaqué a todas en diferentes cajas según categoría y las comprimí para que no pudiesen dar ni un solo movimiento. Me construí una puerta de hierro y no dejé que saliesen esos monstruos míos que nadie más conoce.
...Pero es imposible, ¿saben? Aquellas cosas que más guardas, que más alejas, que más rechazas, que más temen, siempre terminan por tocar a tu puerta. Te obligan a enfrentarte contigo mismo y aunque siempre tenemos las de ganar, nuestro Ego nos obliga a ni siquiera dar la batalla. Suena extraño el no presentarse en el único conflicto que tienes ganado de una, pero no estamos dispuestos a enfrentarnos a nuestro Ego y menos sufrir las consecuencias de esto, así cosechen buenos frutos al final.
Por mucho tiempo creí que mientras más dura me volviese, menos iban a importarme las cajas encerradas en el sótano de mis temores. Así creemos todos. Creí que, siendo muy cliché, que mientras más vulnerable es uno, más tiene que perder. No podemos tener los conceptos más al revés porque la humanidad no puede caer más bajo. ¡Lo siento, es verdad!
Cuanto más me esforcé por evitar entrar en contacto conmigo misma, más me lo pondrán. Ahora no lo hacen mediante un personaje como Alicia, para que tenga que interpretar en las tablas una historia que, aunque disfrazada, es la mía. Ahora la batalla se presenta en la intimidad.
Uno juraría que la adolescencia, tan repleta de hormonas como esta se presenta, carecería de preocupaciones, problemas o laberintos mentales. En cambio, la adolescencia es el trayecto en donde tus emociones y pensamientos se ven amplificadas y mezcladas en un hermoso torbellino que se llama: identidad. Como mi mente es elocuente y parlanchina, debo decirles que no ha sido fácil.
He encontrado a una persona en donde encallar. En donde abrirme, en donde desnudarme, en donde expandirme, en donde reposar, en donde caer; y me cuesta. Cada vez que abro las persianas siento que pesadillas sin nombre salen por todos los huecos inimaginables y la vergüenza me pobla la cara. Y uno juraría que puede evitarse. ¿Cómo podría cerrarme frente a unos ojos tan dulces, una mirada tan atenta, unos oídos tan dispuestos a escuchar?
Juro que nunca había visto mis errores tan grandes y claros como ahorita, sin embargo tengo el suelo firme como para no querer ahogarme y huir. Por cada pedazo de mi cuerpo que niego, hay un beso tuyo plantado en mi piel. Por cada defecto y crítica, hay una sonrisa y un cumplido.
Tú ves los vasos llenos de mis vasos vacíos,
Los cielos azules en mis mares tormentosos,
La belleza ingenua en mis imperfecciones físicas,
El humor inteligente en mis mayores metidas de pata.
He encontrado a alguien dispuesto a ver el Ying en mi Yang, porque en todo lo malo siempre hay algo bueno ( y viceversa). Cuando estoy contigo, siento que soy tan obsoleta y vacía, pero si alguien tan increíble como tú está a mi lado, supongo que algo bueno tiene que haber y que debo poner empeño en observarlo. Debo admitir que todo da más miedo cuando unes tus miedos iniciales a los miedos nuevos que empiezan por: "No quiero que esto termine", "No quiero que se aburra de mí", "No quiero que me deje", "No quiero que me odie". Aunque, todos dicen que en los mayores deseos y ambiciones siempre hay miedo, porque si no, no fuesen tan importantes. Y así es.
Déjame crecer a tu lado y empezar en esta complicada ruta que lleva al amor. Al que siento por ti y al que debo sentir por mí. A un amor juntos, en pareja, en complicidad y en equilibrio. Si me das esa oportunidad de crecer junto a ti, te juro que te amaré más de lo que nadie te ha amado (aunque creo que ya lo hago).
¿Aguántame un poco más sí?
Por ti, vuelvo a escribir. Y eso es fantástico.
lunes, 23 de septiembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
¿qué es el equilibrio?
Nunca habría podido decir que mi vida estaba equilibrada, jamás hubiese usado ese adjetivo. tal vez cuando era demasiado pequeña como para asimilar las verdades, pero eso solo sería un equilibrio ficticio, hueco (aunque a todos nos funciona, a veces, de a raticos).
siempre existía algún elemento que distorsionara esa lejana imagen del equilibrio. el equilibrio se hacía ver como un instante, como una fragancia que se iba deshaciendo con el pasar de los segundos, el equilibrio para mí nunca fue una realidad. la verdad sea, estaba concentrada en mi dolor. me gustaba. todos nos aferramos tanto a nuestros dolores, que cuando desaparecen nos sentimos incompletos. por eso llevé con orgullo la placa de la "Reina del Drama" cuando me gradué. quería haberme ganado otra cosa, pero viendo como era en ese momento no puedo sino aceptar que fue lo más justo.
Me acuerdo que cada vez que iba a la playa era un sentimiento contradictorio, una sensación agridulce, ya que el sonar del océano me traía paz y a la vez locura. el dejar la rutina, las responsabilidades, el teléfono y la música, hacía que solo pudiese escuchar una cosa además del roce del mar contra la arena caliente: y esa era a mí misma. Escuchaba todas mis inseguridades, mis demonios, mis dolores, mis preguntas, mis miedos y todo se volvía negro por instantes. tendía a deslizarme cuando nadie me veía e irme al techo, a escribir, a mirar a las estrellas, sin disfrutar la hermosa compañía que me esperaba abajo. enfocada en mis dolores y dramas una vez más, sintiéndome como si el peso del mundo se reposara en mis hombros y yo sola era la única persona que debía enfrentarme con aquello que salía cuando yo dejaba de huir. Supongo que eran puras niñerías si lo ven ahorita como se los estoy pintando, pero cada vez que esas niñerías acudían, yo venía a mi blog. a aquél que tengo un año abandonando.
(Disculpa por eso querido mío, creo que por un momento, cambié.)
No estoy molesta de que eso ocurriese, aunque me de lástima pensar en todo el sufrimiento que me hubiese ahorrado si solamente limpiaba los empañados lentes y veía a través de mis lágrimas de cocodrilo. Creo que eso me hizo crecer, eso me hizo escribir, eso me hizo construir el carácter que tengo y el que a veces, pierdo.
He crecido con mi padre, sigue ahí, siendo un obstáculo para mí, pero ya no es el gigante monstruoso que era antes. Mi espalda me sigue doliendo, pero ya no es tan tensa. Los nudos se han ido deshaciendo ellos mismos. El peso sigue en mis rodillas, eso sí que no he cambiado pero ya no me siento que es la causa de mi sufrimiento, y que el solo haber creído eso me parece muy ingenuo en este momento. Le debo mis disculpas a una negra hermosa que está muy lejos de mí y que me dijo cosas demasiado ciertas para que yo las entendiese cuando se las pregunté. Ahorita no podría estar más agradecida, quisiera que aunque sea por los inquebrantables hilos del cariño pueda llegarle el presentimiento de que estoy pensando en ella.
No estoy perdida como estaba antes. Finalmente después de demasiado psicoanálisis de segunda encontré la respuesta que estaba en mí pero que no había querido ver, por estar queriendo complacer a este y a el de allá, y ya estoy contenta de decir que me decidí. El camino es largo, oscuro y no tengo claro ni la mitad de los requisitos que se necesitan para hacer real lo que creo, pero las piezas van cayendo en su camino y todo está empezando a engranar, ese reloj que lleva tanto tiempo queriendo volver a funcionar.
Junto a mí tengo un hermoso ramo de flores. Siempre los había criticado, en un absurdo mar de celos. Si veo mis antiguas entradas, me retrataba como una mártir por amor, aquella olvidada por el mundo y resignada a permanecer en el convento de su soledad. Tonta e ingenua, una vez más. Me había prometido esperar a lo mejor y cuando las cosas se tornaron difíciles, me eché a llorar. Por eso una vez más me río y pido al que alguna vez lea esto, compasión. Ríase de mí como yo lo estoy haciendo ahorita, y si se siente como el aimer fiasco que me sentía yo, dele tiempo. Tenga mi palabra.
Llegó alguien. Me dijo te amo y esperó a que yo fuese capaz de decir lo mismo. Nos conocimos y estuvimos claros que queríamos estar con el otro. Así. Sin más. No han habido complicaciones, simple trivialidades, y si las cosas se tornan agrias a partir de ahorita, sigo estando agradecida a quien volvió a probarme equivocada cuando dejé de creer en él. Ya no hay cafés con leche. No hay noches interminables esperando a una llamada o mensaje de texto. No hay más dudas.
Así que si tuviese que definir el equilibrio, sería aquél momento en el que vas a la playa y ya.
No sufres, tus pensamientos no te agobian y el silencio se vuelve reconfortante, te ayuda a crear.
Te deja oír claramente al mar, sin necesidad de tener un bichito-musical-digital-touch-último-modelo para sentirte descansar. No te escondes del sol más, y las estrellas se quedan solas porque tú estás adentro viendo una película, llena del pegoste de mantequilla con cotufas y lidiando con un televisor más viejo que Matusalen, pero en equilibrio y en paz.
siempre existía algún elemento que distorsionara esa lejana imagen del equilibrio. el equilibrio se hacía ver como un instante, como una fragancia que se iba deshaciendo con el pasar de los segundos, el equilibrio para mí nunca fue una realidad. la verdad sea, estaba concentrada en mi dolor. me gustaba. todos nos aferramos tanto a nuestros dolores, que cuando desaparecen nos sentimos incompletos. por eso llevé con orgullo la placa de la "Reina del Drama" cuando me gradué. quería haberme ganado otra cosa, pero viendo como era en ese momento no puedo sino aceptar que fue lo más justo.
Me acuerdo que cada vez que iba a la playa era un sentimiento contradictorio, una sensación agridulce, ya que el sonar del océano me traía paz y a la vez locura. el dejar la rutina, las responsabilidades, el teléfono y la música, hacía que solo pudiese escuchar una cosa además del roce del mar contra la arena caliente: y esa era a mí misma. Escuchaba todas mis inseguridades, mis demonios, mis dolores, mis preguntas, mis miedos y todo se volvía negro por instantes. tendía a deslizarme cuando nadie me veía e irme al techo, a escribir, a mirar a las estrellas, sin disfrutar la hermosa compañía que me esperaba abajo. enfocada en mis dolores y dramas una vez más, sintiéndome como si el peso del mundo se reposara en mis hombros y yo sola era la única persona que debía enfrentarme con aquello que salía cuando yo dejaba de huir. Supongo que eran puras niñerías si lo ven ahorita como se los estoy pintando, pero cada vez que esas niñerías acudían, yo venía a mi blog. a aquél que tengo un año abandonando.
(Disculpa por eso querido mío, creo que por un momento, cambié.)
No estoy molesta de que eso ocurriese, aunque me de lástima pensar en todo el sufrimiento que me hubiese ahorrado si solamente limpiaba los empañados lentes y veía a través de mis lágrimas de cocodrilo. Creo que eso me hizo crecer, eso me hizo escribir, eso me hizo construir el carácter que tengo y el que a veces, pierdo.
He crecido con mi padre, sigue ahí, siendo un obstáculo para mí, pero ya no es el gigante monstruoso que era antes. Mi espalda me sigue doliendo, pero ya no es tan tensa. Los nudos se han ido deshaciendo ellos mismos. El peso sigue en mis rodillas, eso sí que no he cambiado pero ya no me siento que es la causa de mi sufrimiento, y que el solo haber creído eso me parece muy ingenuo en este momento. Le debo mis disculpas a una negra hermosa que está muy lejos de mí y que me dijo cosas demasiado ciertas para que yo las entendiese cuando se las pregunté. Ahorita no podría estar más agradecida, quisiera que aunque sea por los inquebrantables hilos del cariño pueda llegarle el presentimiento de que estoy pensando en ella.
No estoy perdida como estaba antes. Finalmente después de demasiado psicoanálisis de segunda encontré la respuesta que estaba en mí pero que no había querido ver, por estar queriendo complacer a este y a el de allá, y ya estoy contenta de decir que me decidí. El camino es largo, oscuro y no tengo claro ni la mitad de los requisitos que se necesitan para hacer real lo que creo, pero las piezas van cayendo en su camino y todo está empezando a engranar, ese reloj que lleva tanto tiempo queriendo volver a funcionar.
Junto a mí tengo un hermoso ramo de flores. Siempre los había criticado, en un absurdo mar de celos. Si veo mis antiguas entradas, me retrataba como una mártir por amor, aquella olvidada por el mundo y resignada a permanecer en el convento de su soledad. Tonta e ingenua, una vez más. Me había prometido esperar a lo mejor y cuando las cosas se tornaron difíciles, me eché a llorar. Por eso una vez más me río y pido al que alguna vez lea esto, compasión. Ríase de mí como yo lo estoy haciendo ahorita, y si se siente como el aimer fiasco que me sentía yo, dele tiempo. Tenga mi palabra.
Llegó alguien. Me dijo te amo y esperó a que yo fuese capaz de decir lo mismo. Nos conocimos y estuvimos claros que queríamos estar con el otro. Así. Sin más. No han habido complicaciones, simple trivialidades, y si las cosas se tornan agrias a partir de ahorita, sigo estando agradecida a quien volvió a probarme equivocada cuando dejé de creer en él. Ya no hay cafés con leche. No hay noches interminables esperando a una llamada o mensaje de texto. No hay más dudas.
Así que si tuviese que definir el equilibrio, sería aquél momento en el que vas a la playa y ya.
No sufres, tus pensamientos no te agobian y el silencio se vuelve reconfortante, te ayuda a crear.
Te deja oír claramente al mar, sin necesidad de tener un bichito-musical-digital-touch-último-modelo para sentirte descansar. No te escondes del sol más, y las estrellas se quedan solas porque tú estás adentro viendo una película, llena del pegoste de mantequilla con cotufas y lidiando con un televisor más viejo que Matusalen, pero en equilibrio y en paz.
jueves, 4 de abril de 2013
cuidado con el colesterol.
Y ahora: ¡el festín!
Empecemos con una pequeña degustación, una llanura de cosas por tragar.
No, por comer no,
Por tragar
Un sandwich por aquella mirada que se dieron esos dos el otro día. Una mano de nueces por la agarrada de manos que vi desde lejos. Una bolsa de papitas por el besito que se dieron mientras que hablabamos. Un plato de pasta por la vez que la montaste en tus piernas para tenerla junto a ti. Una merengada por cada sobrenombre cursi. Una pastica bien resuelta si los escuchas decirse cuanto se extrañan. Un brownie con helado si se abrazan lentamente creyendo que nadie los ve. Unas panquecas cuando te dicen "pana". Una ración de papas fritas por cada vez que se miran con el deseo latente de tenerse. Un vaso de refresco por las veces que te miran con desencanto. Una hamburguesa por todas las canciones de amor, especialmente las dedicadas. Un tarro de galletas por todas las experiencias nunca vividas.
Un waffle por cada persona que te remarca lo sola que estás. Un perro caliente que te atragantas cuando sale un grupo y eres la única persona que no está acompañada. Una tarta por el dolor matutino del despertar de un sueño en donde tu sueño se cumplía. Una ración de nuggets por las miradas que le echan a todos los demás, excepto a ti. Un slice de pizza por los regalos que ayudas a diseñar, y que nunca das ni recibes tú. Un plato de lo que sea por cada vez que me decepcionan. Una bolsa de comida delivery cada vez que tengo un roce con mi pasado. Un postre por minuto con tal de que el sonido de mi masticar me distraiga de mis pensamientos.
¿Me duele el corazón por las arterias bloqueadas o por cada pareja nueva que surge? ¿Estoy comiendo porque tengo hambre o porque tengo que tragar de alguna manera esas risas ahogadas en un carro? ¿Me duele correr por mi peso o por el tiempo que llevo inconscientemente huyendo? ¿Tengo acaso el control de mi vida, de mis sentimientos, de mi comer? ¿Podré amarme a mí misma con el miedo constante de que nadie más lo haga?
¿Soy lo que como? Entonces soy un desastre. Lléname más de grasa e inseguridades, estoy acostumbrada a ser el del mostrador que nadie elije. Así exactamente es como me siento.
Llévame a comer algo y no me preguntes qué. Simplemente sirve. No te diré que no.
Empecemos con una pequeña degustación, una llanura de cosas por tragar.
No, por comer no,
Por tragar
Un sandwich por aquella mirada que se dieron esos dos el otro día. Una mano de nueces por la agarrada de manos que vi desde lejos. Una bolsa de papitas por el besito que se dieron mientras que hablabamos. Un plato de pasta por la vez que la montaste en tus piernas para tenerla junto a ti. Una merengada por cada sobrenombre cursi. Una pastica bien resuelta si los escuchas decirse cuanto se extrañan. Un brownie con helado si se abrazan lentamente creyendo que nadie los ve. Unas panquecas cuando te dicen "pana". Una ración de papas fritas por cada vez que se miran con el deseo latente de tenerse. Un vaso de refresco por las veces que te miran con desencanto. Una hamburguesa por todas las canciones de amor, especialmente las dedicadas. Un tarro de galletas por todas las experiencias nunca vividas.
Un waffle por cada persona que te remarca lo sola que estás. Un perro caliente que te atragantas cuando sale un grupo y eres la única persona que no está acompañada. Una tarta por el dolor matutino del despertar de un sueño en donde tu sueño se cumplía. Una ración de nuggets por las miradas que le echan a todos los demás, excepto a ti. Un slice de pizza por los regalos que ayudas a diseñar, y que nunca das ni recibes tú. Un plato de lo que sea por cada vez que me decepcionan. Una bolsa de comida delivery cada vez que tengo un roce con mi pasado. Un postre por minuto con tal de que el sonido de mi masticar me distraiga de mis pensamientos.
¿Me duele el corazón por las arterias bloqueadas o por cada pareja nueva que surge? ¿Estoy comiendo porque tengo hambre o porque tengo que tragar de alguna manera esas risas ahogadas en un carro? ¿Me duele correr por mi peso o por el tiempo que llevo inconscientemente huyendo? ¿Tengo acaso el control de mi vida, de mis sentimientos, de mi comer? ¿Podré amarme a mí misma con el miedo constante de que nadie más lo haga?
¿Soy lo que como? Entonces soy un desastre. Lléname más de grasa e inseguridades, estoy acostumbrada a ser el del mostrador que nadie elije. Así exactamente es como me siento.
Llévame a comer algo y no me preguntes qué. Simplemente sirve. No te diré que no.
miércoles, 20 de marzo de 2013
aimer fiasco
me he preguntado lo siguiente demasiadas veces:
¿Será que acaso yo no estoy hecha para amar, o ser amada?
¡No tiene sentido que sigas viéndome con lástima y compasión! Te pido que si lo harás, yo, detrás del monitor, lo veré y lo sentiré. Si lo haces favor retirarte, ya he tenido suficiente. La gente cree que uno puede escuchar la frase "Eso ya viene para ti", "Solo tienes que esperar", "El amor de tu vida está en la vuelta de la esquina", "Llegará cuando menos te lo esperes" por siempre y no ir desquiciándose por eso.
¡POR SUPUESTO, GRACIAS, DIGO, NO ES QUE YA HE ESCUCHADO ESO MIL VECES EN MI CORTA E INSÍPIDA VIDA! (Lo siento vida, tú no has sido ni remotamente cercana a insípida, pero en el ámbito amoroso sé tanto como un niño de primaria).
No es que hayan 30 parejas por minuto saliendo de cada esquina, naciendo y evolucionando, decayendo y muriendo mientras que yo sigo aquí, de espectadora. No es para nada que el mundo lo único de lo que parece hablar es de esto o del sexo, cosas que ni se han acercado a mí, me repelen como si les hubiese hecho algo malo. No es que el hecho de que tenga 18 años de vida, esté en el tercer trimestre de mi universidad y no tenga nada parecido a una experiencia, me asalte y la gente tienda a restregarlo. No es PARA NADA el hecho de que me rodee de amigas llenas de relaciones, de gente que las mira y de experiencias y dudas que siempre les de por compartir conmigo. Ese no es para nada el caso.
Es tan frustrante el hecho de que todo el mundo pueda hablar de algo que tú desconoces por completo. Que lo máximo que has podido experimentar sea lo más básico de un adolescente de 12 años, que las personas deseen más a tu hermana de 14 años y que ella esté en mejor forma que tú (solo porque es más alta y su metabolismo haya sido menos jodido que el mío) o que estés tan jodidamente deseando un poco de lo que todos tienen que estás a punto de destruir tu autoestima y resignarte a cualquiera que se acerque.
Todo el mundo lo siente, todos perciben cuanto lo deseas, lo deseas más que cualquiera y por sobre todas las cosas tienes tanto miedo que no pretendes atreverte y equivocarte después de haber esperado tanto, así que esperas más. Esperas tanto que te llenas de rencor y telarañas, que las parejas te producen una alegría molesta y ya no entiendes nada de ti. El esperar hace que te llenes de preguntas, de dilemas innecesarios pero que igual pesan en la mente y te pones a desvariar de tu sexualidad, de tu lugar en el mundo, de tu función, de tu psicología y relación con tus padres y a preguntarte que harás el momento que te obstines.
He alejado a tanta gente porque no entraban en mi ideal de perfecto y ahora los extraño, a todos los que rechacé y a todos los que no les di la oportunidad. Ahora, en silencio, les tengo celos con quienes evolucionaron y me olvidaron, porque aquí la niña malcriada no supo ser lo suficientemente madura. Madura para hablar, madura para liderar, un desastrico de 6 años a la hora de lidiar con ella misma.
Soy un fiasco amoroso, creo que Cupido se hartó de hacerme señales mientras que yo veía Disney.
Por ahora haré lo más sensato y me dedicaré a demostrar lo mucho que creo que el amor no es para mí y que yo jamás lo tendré, porque es mucho más sencillo que ir proponiéndome que Dios está preparando a la persona correcta para mí mientras más lo espere. No es justo. Duele mucho más el ser decepcionada siempre. Lo siento por eso.
¿Será que acaso yo no estoy hecha para amar, o ser amada?
¡No tiene sentido que sigas viéndome con lástima y compasión! Te pido que si lo harás, yo, detrás del monitor, lo veré y lo sentiré. Si lo haces favor retirarte, ya he tenido suficiente. La gente cree que uno puede escuchar la frase "Eso ya viene para ti", "Solo tienes que esperar", "El amor de tu vida está en la vuelta de la esquina", "Llegará cuando menos te lo esperes" por siempre y no ir desquiciándose por eso.
¡POR SUPUESTO, GRACIAS, DIGO, NO ES QUE YA HE ESCUCHADO ESO MIL VECES EN MI CORTA E INSÍPIDA VIDA! (Lo siento vida, tú no has sido ni remotamente cercana a insípida, pero en el ámbito amoroso sé tanto como un niño de primaria).
No es que hayan 30 parejas por minuto saliendo de cada esquina, naciendo y evolucionando, decayendo y muriendo mientras que yo sigo aquí, de espectadora. No es para nada que el mundo lo único de lo que parece hablar es de esto o del sexo, cosas que ni se han acercado a mí, me repelen como si les hubiese hecho algo malo. No es que el hecho de que tenga 18 años de vida, esté en el tercer trimestre de mi universidad y no tenga nada parecido a una experiencia, me asalte y la gente tienda a restregarlo. No es PARA NADA el hecho de que me rodee de amigas llenas de relaciones, de gente que las mira y de experiencias y dudas que siempre les de por compartir conmigo. Ese no es para nada el caso.
Es tan frustrante el hecho de que todo el mundo pueda hablar de algo que tú desconoces por completo. Que lo máximo que has podido experimentar sea lo más básico de un adolescente de 12 años, que las personas deseen más a tu hermana de 14 años y que ella esté en mejor forma que tú (solo porque es más alta y su metabolismo haya sido menos jodido que el mío) o que estés tan jodidamente deseando un poco de lo que todos tienen que estás a punto de destruir tu autoestima y resignarte a cualquiera que se acerque.
Todo el mundo lo siente, todos perciben cuanto lo deseas, lo deseas más que cualquiera y por sobre todas las cosas tienes tanto miedo que no pretendes atreverte y equivocarte después de haber esperado tanto, así que esperas más. Esperas tanto que te llenas de rencor y telarañas, que las parejas te producen una alegría molesta y ya no entiendes nada de ti. El esperar hace que te llenes de preguntas, de dilemas innecesarios pero que igual pesan en la mente y te pones a desvariar de tu sexualidad, de tu lugar en el mundo, de tu función, de tu psicología y relación con tus padres y a preguntarte que harás el momento que te obstines.
He alejado a tanta gente porque no entraban en mi ideal de perfecto y ahora los extraño, a todos los que rechacé y a todos los que no les di la oportunidad. Ahora, en silencio, les tengo celos con quienes evolucionaron y me olvidaron, porque aquí la niña malcriada no supo ser lo suficientemente madura. Madura para hablar, madura para liderar, un desastrico de 6 años a la hora de lidiar con ella misma.
Soy un fiasco amoroso, creo que Cupido se hartó de hacerme señales mientras que yo veía Disney.
Por ahora haré lo más sensato y me dedicaré a demostrar lo mucho que creo que el amor no es para mí y que yo jamás lo tendré, porque es mucho más sencillo que ir proponiéndome que Dios está preparando a la persona correcta para mí mientras más lo espere. No es justo. Duele mucho más el ser decepcionada siempre. Lo siento por eso.
lunes, 25 de febrero de 2013
crecimientos ajuro y porque sí.
I`m losing them.
Have you ever felt so bad you sense the whole darkness in the world is soaking deep into your skin and pressuring every inch of your lungs, your heart, your throat and disappearing every corner of light within?
*siento que me ahogan y no hay nadie a mi lado*
No soy incondicional. No somos incondicionales. Las personas cambiarán y aquellos por los que dabas tu vida, llegara un punto en donde ni siquiera sepas como hablarles, se alejarán y no habrá red social ni recuerdo que los rescate.
Creo que nunca había examinado lo oscura que se ve mi casa de noche, como le es tan fácil a las sombras y la oscuridad presentarse y tomarlo todo
Escribí
esto la otra noche, la noche en la cual mi
mejor
amigo y yo peleamos. Es algo que no había
sentido
hace demasiado tiempo, y nada tuvo
sentido.
Nos hicimos daño, las palabras hirieron
y
las bromas perdieron su encanto. Me pegó, sentí que mi pecho explotaría en
cualquier minuto y me cerré en oscuridad. Aunque había intentado oprimir
ese sentimiento durante demasiado tiempo, seguía teniendo pánico por
perderlos. A él y a mi otra hermana, la negra que también está lejos. A la
que ya no le importa si nos vemos y la que va poco a poco perdiéndole
la importancia por nosotras. Por primera vez entendimos que alguna
vez llegarían situaciones en las que no llegaríamos a entendernos,
que la comunicación sería errada y que poco a poco nos tendremos que
enfrentar a retos.. retos reales que desafiarán quienes somos en
verdad. Estoy dispuesta a lucharlas por él, estoy dispuesta a esperarla y
a entenderla siempre que lo necesite,
quiero
creer lo mismo y que, si el destino nos lo permite, podamos ser siempre amigos.
No quiero que siempre tengamos el mismo tipo de relación, deseo que
crezcamos y que nos fortalezcamos, que el cariño que siento hoy sea mayor.
Quiero proyectarme una vida junto a ellos así como con mis mejores
amigos en este momento, pero es que ellos lo siento como hermanos lejanos,
como personas a
quien
el destino me lleva amarrada hace mucho tiempo. Espero que sea el padrino
de mis hijos, ella sea mi
madrina
de bodas, el pana de mi novio, mi comadre de escapadas de noche
con tacones y puro alcohol y aquella pareja de seres a quienes
invitemos a comer los domingos.
Lo
espero.
Vamos a fortalecernos,
sí.
lunes, 28 de enero de 2013
Otra manera de amar
A mis antiguos amigos, a los perseverantes.
A mis nuevos amigos, mis salvadores.
Yo no les puedo hablar mucho de las relaciones, a veces pienso que soy y seré siempre un gran fiasco en ese sentido. Tengo demasiados conceptos errados, muchas inseguridades y un plus de exagerada ilusión, pero, creo que les puedo hablar de algo igual de poderoso.
Hay un poder especial cuando haces una conexión especial con alguien. Cuando comienzan a hablar y finalmente se dan cuenta que tienen algo graciosamente parecido. Que fueron a los mismos conciertos y no se conocieron, que les gusta la misma banda, que en secreto tienen los mismos hobbies, que comparten un minuto de unión.
Después y si tienes demasiada suerte, como he tenido yo, logras mantener ese hilo que nació improvisadamente. Les entregas tu carta de presentación y ellos te dan la suya, empiezan a compartir datos y una extraña telaraña se crea en cuestión de risas. Los momentos se van reproduciendo y, aunque me faltan las palabras, empieza a nacer un cariño contagioso, una felicidad burbujeante.
Conoces a un amigo.
¿Es estúpido? No hay nada más bello. No hay fuerza tan poderosa, porque es otra manera de amar. Es amar que casi se le asemeja a la hermandad, es el querer estar con alguien porque quieres ser feliz y compartirlo. Te das cuenta que alguien te ve, que alguien te escucha y que tienes a alguien a quien acudir, ¿qué más pudiera pedir una persona?
La sociedad nos pinta una y otra vez lo que necesitamos para ser felices, nos programa lo que deberíamos desear y lo que va a poder beneficiarnos, un sistema correcto y planificado. A la amistad no le dedican lo suficiente. No creo que últimamente la gente se ha detenido a darle el correcto aplauso a la difícil labor que hace una mano o hombro amiga.
Cuando me gradué, me gradué con muchos amigos y mi grupo invencible de hermanos y, predispuesta, juré que jamás conocería gente así. Tenía razón. No conocí a gente como la de antes, conocí a seres increíbles. Conocí a mujeres hermosas y fuertes, conocí a hombres profundos y cariñosos. Estaba asustada, debo admitirlo. Nunca creí que pudiese sentirme cómoda en un sitio tan lejano a mi casa, a mi familia, a mi círculo, y ¡mírenme! Estoy bien. Estoy feliz. Tengo a gente. Tengo a gente hermosa.
Es amor que vean cosas que tú no ves. Es amor que se preocupen porque no contestes el teléfono. Es amor que te regalen cosas que saben que necesitas. Es amor que te completen las frases. Es amor que sepan cuando te vas a romper. Es amor que te compartan su mundo, así sea solo para que los escuches. Es amor que piensen en ti. Es amor que se pongan en tu lugar. Es amor que te tomen en cuenta. Es amor que te hagan saber que cuentas en el mundo. Es amor que simplemente te sonrían. Es amor que estén dispuestos a entrañarte, por más compleja que seas.
... Puede que a veces me sienta triste porque no tengo una pareja. Puede que muchas veces me de miedo mi reflejo, que me vaya ametrallando con mis pensamientos. Puede que me ponga en duda y que a veces, no vea lo que está ahí, frente a mis ojos. Puede que sea así
Hay un gran dilema con las mariposas: ellas no pueden ni podrán jamás ver sus alas. Puede que jamás vea de que color son mis alas, o realmente hasta donde puedo volar.
¿Pero que importa si otras personas sí pueden? ¿Qué interesa si puedo ver las alas de los demás? ¿Qué más podría necesitar si sé que lo hago puede cambiar a la gente, ayudarlo a ver sus colores?
No hay palabras para lo agradecida que estoy. Para lo mucho que con cada gesto, abrazo, foto, guardada de puesto, mensaje de texto, salida, chiste, soplada de mocos y lágrimas de carcajadas me hacen crecer un poquito más. Si alguna vez tengo la posibilidad de ver mis alas, sé que muchos de los colores que están ahí, estarán ahí por ustedes.
A mis nuevos amigos, mis salvadores.
Yo no les puedo hablar mucho de las relaciones, a veces pienso que soy y seré siempre un gran fiasco en ese sentido. Tengo demasiados conceptos errados, muchas inseguridades y un plus de exagerada ilusión, pero, creo que les puedo hablar de algo igual de poderoso.
Hay un poder especial cuando haces una conexión especial con alguien. Cuando comienzan a hablar y finalmente se dan cuenta que tienen algo graciosamente parecido. Que fueron a los mismos conciertos y no se conocieron, que les gusta la misma banda, que en secreto tienen los mismos hobbies, que comparten un minuto de unión.
Después y si tienes demasiada suerte, como he tenido yo, logras mantener ese hilo que nació improvisadamente. Les entregas tu carta de presentación y ellos te dan la suya, empiezan a compartir datos y una extraña telaraña se crea en cuestión de risas. Los momentos se van reproduciendo y, aunque me faltan las palabras, empieza a nacer un cariño contagioso, una felicidad burbujeante.
Conoces a un amigo.
¿Es estúpido? No hay nada más bello. No hay fuerza tan poderosa, porque es otra manera de amar. Es amar que casi se le asemeja a la hermandad, es el querer estar con alguien porque quieres ser feliz y compartirlo. Te das cuenta que alguien te ve, que alguien te escucha y que tienes a alguien a quien acudir, ¿qué más pudiera pedir una persona?
La sociedad nos pinta una y otra vez lo que necesitamos para ser felices, nos programa lo que deberíamos desear y lo que va a poder beneficiarnos, un sistema correcto y planificado. A la amistad no le dedican lo suficiente. No creo que últimamente la gente se ha detenido a darle el correcto aplauso a la difícil labor que hace una mano o hombro amiga.
Cuando me gradué, me gradué con muchos amigos y mi grupo invencible de hermanos y, predispuesta, juré que jamás conocería gente así. Tenía razón. No conocí a gente como la de antes, conocí a seres increíbles. Conocí a mujeres hermosas y fuertes, conocí a hombres profundos y cariñosos. Estaba asustada, debo admitirlo. Nunca creí que pudiese sentirme cómoda en un sitio tan lejano a mi casa, a mi familia, a mi círculo, y ¡mírenme! Estoy bien. Estoy feliz. Tengo a gente. Tengo a gente hermosa.
Es amor que vean cosas que tú no ves. Es amor que se preocupen porque no contestes el teléfono. Es amor que te regalen cosas que saben que necesitas. Es amor que te completen las frases. Es amor que sepan cuando te vas a romper. Es amor que te compartan su mundo, así sea solo para que los escuches. Es amor que piensen en ti. Es amor que se pongan en tu lugar. Es amor que te tomen en cuenta. Es amor que te hagan saber que cuentas en el mundo. Es amor que simplemente te sonrían. Es amor que estén dispuestos a entrañarte, por más compleja que seas.
... Puede que a veces me sienta triste porque no tengo una pareja. Puede que muchas veces me de miedo mi reflejo, que me vaya ametrallando con mis pensamientos. Puede que me ponga en duda y que a veces, no vea lo que está ahí, frente a mis ojos. Puede que sea así
Hay un gran dilema con las mariposas: ellas no pueden ni podrán jamás ver sus alas. Puede que jamás vea de que color son mis alas, o realmente hasta donde puedo volar.
¿Pero que importa si otras personas sí pueden? ¿Qué interesa si puedo ver las alas de los demás? ¿Qué más podría necesitar si sé que lo hago puede cambiar a la gente, ayudarlo a ver sus colores?
No hay palabras para lo agradecida que estoy. Para lo mucho que con cada gesto, abrazo, foto, guardada de puesto, mensaje de texto, salida, chiste, soplada de mocos y lágrimas de carcajadas me hacen crecer un poquito más. Si alguna vez tengo la posibilidad de ver mis alas, sé que muchos de los colores que están ahí, estarán ahí por ustedes.
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